Vitamina D y salud mental

Dr. José Edmond Esquivel V. - Residente de Endocrinología

Profesional: Dr. José Edmond Esquivel V.

Dr. José Edmond Esquivel V. Médico Residente de Endocrinología, Posgrado en Endocrinología de la Universidad de Costa Rica – Hospital San Juan de Dios, Licenciatura en Medicina y Cirugía de la Universidad de Ciencias Médicas 

La vitamina D es una pro-hormona liposoluble sintetizada en la piel y puede ser obtenida de los alimentos, principalmente lácteos. Se asocia a salud ósea, metabolismo del calcio, así como a efectos adicionales entre los que destacan el adecuado funcionamiento cerebral y una salud mental óptima (1). 

En estudios poblacionales a nivel nacional se ha encontrado una prevalencia de ingesta inadecuada de vitamina D de casi 100%, correlacionado con datos de América Latina de 98%. Además, si se toma en cuenta estudios en cuanto a hipovitaminosis D confirmada, en estudiantes jóvenes se describe una prevalencia de hasta 25%, la cual incrementa significativamente en adultos mayores (2). Estos datos representan lo que se observa en la práctica clínica y la alta prevalencia de déficit de vitamina D.  

Se ha encontrado receptores de vitamina D en el sistema nervioso central, asociados a un rol en el desarrollo neuronal, transmisión, inmunomodulación y neuroprotección mediante acciones antioxidantes y reducción de apoptosis. Por lo tanto, adecuados niveles de vitamina D se han asociado a protección contra el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas, deterioro cognitivo y trastornos psiquiátricos (1).  

La vitamina D regula la tirosina hidroxilasa, una enzima precursora de dopamina, adrenalina, serotonina, GABA y otros neurotransmisores asociados con cambios circadianos, regulación del sueño, producción de melatonina y descanso y regeneración neuronal. Otro mecanismo importante asociado es la inmunomodulación que brinda al reducir las citocinas inflamatorias que acceden al cerebro en condiciones de estrés, limitando ansiedad, fatiga, depresión y sintomatología neuropsiquiátrica (1).  

En mi práctica clínica, es común valorar pacientes con manifestaciones inespecíficas, como: astenia, mialgias, artralgias, mala calidad del sueño y depresión. Por lo general, al abordar estos pacientes, se incluye dentro de las posibilidades diagnósticas la deficiencia de vitamina D, y se ha evidenciado la alta asociación que presenta y la fácil respuesta que se obtiene con una suplementación adecuada. Esto se considera importante, ya que por lo general, esta hipovitaminosis se ha asociado únicamente a una adecuada salud ósea, y no a otras funciones corporales, como la salud mental.  

Se ha confirmado en estudios poblacionales la asociación de la deficiencia de vitamina D con deterioro de salud mental. Un estudio observacional realizado en estudiantes universitarios en el 2021 analizó 480 adultos, de los cuales 287 (59%) tenían déficit de vitamina D confirmado, y una prevalencia de desarrollar depresión, ansiedad y estrés de 60%, 6% y 75% respectivamente, con diferencia estadísticamente significativa (p <0.05) respecto a pacientes sin déficit. Hallazgos que también involucraban deterioro de la calidad y cantidad de sueño y descanso de forma global entre esta población estudiantil (3).  

Una revisión sistemática realizada en 2021 incluyó 14 estudios randomizados controlados multinacionales (USA, Canadá, UK, Finlandia, Países Bajos, Suiza, Australia), con más de 80.000 adultos como participantes, la gran mayoría con niveles séricos de 25(OH)D (vitamina D) bajos. En cuanto a intervención se incluía dosis variables de suplementación con vitamina D, así como aporte en dieta y placebo como comparador. Como desenlace primario se incluía síntomas depresivos, calidad de vida (analizada mediante escalas), ansiedad y salud mental de forma global (4).  

Ninguno de los estudios mostró beneficio estadísticamente significativo para la suplementación de vitamina D en cuanto a parámetros de salud mental analizados, sin embargo, se observó una franca tendencia a mejoría en cuanto a síntomas depresivos, y resultados beneficiosos a favor de combinar actividad física y aporte de vitamina D de fuentes alimenticias, más que suplementación farmacológica (4). 

Llama la atención que cuando se analiza suplementación con vitamina D en poblaciones específicas de riesgo, sí se observan beneficios clínicos y estadísticos. En un estudio randomizado de pacientes con síndrome de ovario poliquístico aleatorizadas al recibir vitamina D vs placebo por 12 semanas se observó mejoría en parámetros clínicos (scores de depresión y calidad de vida) y bioquímicos (disminución testosterona, hirsutismo, proteína C reactiva y niveles de glutatión) a favor de la intervención (5). 

En cuanto a la población pediátrica, el metaanálisis más grande, realizado en 2021, involucró más de 24 estudios de peso estadístico analizando el efecto de suplementar vitamina D en déficit atencional, hiperactividad, trastornos del espectro autista y depresión en más de 980 niños, con resultados beneficiosos y significativos (6). 

Además, la población adulta mayor es quien más ha mostrado beneficio a favor de optimizar niveles de vitamina D. Como se mostró en el estudio randomizado de Gugger y colaboradores (2019) en un total de 200 adultos >70 años, aleatorizados a vitamina D o placebo, observando mejoría estadísticamente significativa en escalas de bienestar y síntomas de salud mental, así como una disminución de progresión de demencia y enfermedades neurodegenerativas, con relación directamente proporcional a niveles séricos de vitamina D (7). 

Para concluir, hay abundante información teórica y clínica en cuanto a la relación directa entre la vitamina D y la salud mental en población general y subpoblaciones de riesgo. Esto se observa diariamente en la práctica clínica, donde muchos pacientes con hipovitaminosis D refieren beneficios al optimizar sus niveles, ya sea mediante dieta o suplementos farmacológicos. Se recomienda reconocer y manejar esta patología frecuente, y así, mediante una optimización del aporte de vitamina D, brindar todos estos beneficios clínicos a la población costarricense. 

Bibliografía 

  1. Morofuji, Y., & Nakagawa, S. (2020). Drug development for central nervous system diseases using in vitro blood-brain barrier models and drug repositioning. Current Pharmaceutical Design, 26(13), 1466–1485. https://doi.org/10.2174/1381612826666200224112534 
  2. Monge-Rojas, et al. (2023). A landscape of micronutrient dietary intake by 15- to 65-years-old urban population in 8 Latin American countries: Results from the Latin American study of health and nutrition. Food and Nutrition Bulletin. https://doi.org/10.1177/03795721231215267 
  3. Almuqbil, M., Almadani, M. E., Albraiki, S. A., Alamri, A. M., Alshehri, A., Alghamdi, A., Alshehri, S., & Asdaq, S. M. B. (2023). Impact of vitamin D deficiency on mental health in university students: A cross-sectional study. Healthcare (Basel, Switzerland), 11(14), 2097. https://doi.org/10.3390/healthcare11142097 
  4. Guzek, D., Kołota, A., Lachowicz, K., Skolmowska, D., Stachoń, M., & Głąbska, D. (2021). Association between vitamin D supplementation and mental health in healthy adults: A systematic review. Journal of Clinical Medicine, 10(21), 5156. https://doi.org/10.3390/jcm10215156 
  5. Ostadmohammadi, V., Jamilian, M., Bahmani, F., & Asemi, Z. (2019). Vitamin D and probiotic co-supplementation affects mental health, hormonal, inflammatory and oxidative stress parameters in women with polycystic ovary syndrome. Journal of Ovarian Research, 12(1). https://doi.org/10.1186/s13048-019-0480-x 
  6. Głąbska, D., Kołota, A., Lachowicz, K., Skolmowska, D., Stachoń, M., & Guzek, D. (2021). The influence of vitamin D intake and status on mental health in children: A systematic review. Nutrients, 13(3), 952. https://doi.org/10.3390/nu13030952 
  7. Gugger, A., Marzel, A., Orav, E. J., Willett, W. C., Dawson-Hughes, B., Theiler, R., Freystätter, G., Egli, A., & Bischoff-Ferrari, H. A. (2019). Effect of monthly highdose vitamin D on Mental Health in older adults: Secondary analysis of a RCT. Journal of the American Geriatrics Society, 67(6), 1211–1217. https://doi.org/10.1111/jgs.15808