Tipos de hambre y relevancia de las comidas en familia
El concepto de hambre ha evolucionado con el pasar de los años, anteriormente se consideraba la necesidad biológica de consumir alimentos hasta la saciedad para sobrevivir y mantener la homeostasis. Actualmente, es sabido que nuestro entorno social y cultural (alimentos con buen sabor, fácilmente disponibles y porciones grandes) puede promover el comer en ausencia de esta necesidad fisiológica (Hoare, 2022).
El hambre, el apetito, la saciedad y el balance energético se regulan por un sistema neuroendocrino redundante que se integra a nivel del hipotálamo. Este sistema se compone de una densa y compleja red de circuitos neurohormonales donde se cruzan señales moleculares de origen tanto periférico como central, de corta como de larga duración; y que concurren junto con otros factores sensoriales, mecánicos y cognoscitivos (Kerin, 2019).
Existen diferentes perspectivas del hambre: la fisiológica, la psicológica y la socio-antropológica, que destacan entre las más relevantes. La perspectiva fisiológica asume que el hambre es un estado de necesidad caracterizado por una carencia nutrientes en el ambiente celular de un organismo. Tal estado de necesidad es detectado por medio del sistema nervioso a través de receptores neuroquímicos. En el caso de la perspectiva psicológica, esta aporta elementos que identifican un estado de hambre en relación con factores como ambientales, aprendizaje, conductuales y motivacionales. Por último, la perspectiva socio-antropológica es la influencia de factores evolutivos y sociales, los cuales son los determinantes en el desarrollo de un estado de hambre (Yu,2020).
Diferentes literaturas hacen mención que existen diferentes tipos de hambre entre los cuales se menciona: visual, olfato, auditiva, bucal, estomacal, de tacto, celular, mental, de corazón, hedónica y práctico (Yu,2020).
En la actualidad existen diferentes métodos para mantener control del hambre, uno de los aplicados en los últimos años es la alimentación consciente (es el acto de prestar atención a los alimentos durante el consumo, tener conciencia, centrarse en la experiencia con los alimentos) y la alimentación intuitiva (comer con un enfoque intencional en el hambre fisiológico y las señales de saciedad en lugar de señales externas). Responde a sensaciones físicas con el fin de determinar la necesidad del cuerpo (Dunn, 2018).
Algunos de los síntomas del hambre físico son las siguientes: sensación de vacío en el estómago, mareos, falta de concentración, irritabilidad, frustración o enojo, falta de energía, dolor de cabeza (Dunn,2018).
Parte del proceso de alimentación es conocer nuestras señales de hambre y a su vez compartir este momento en familia, inclusive así lo respalda la evidencia científica, que indica que comer en familia se considera un factor para la prevención de algunos problemas de salud, alimentación, trastornos de conducta y comportamiento. Es de suma importancia implementar estas dos prácticas durante las diferentes etapas de la vida, especialmente en las vulnerables o de riesgo como la infancia o la adolescencia pero se extiende también a los adultos, jóvenes y de edad avanzada (Warren,2017).
Lo que una familia come cuando se reúne, ¿Cómo? Y ¿Cuándo? Lo hace como reflejo de la identidad y la herencia cultural, étnica y religiosa. Las comidas familiares pueden tener un impacto positivo en el desarrollo intelectual de los niños y en la adquisición de vocabulario de los más pequeños, afectando al rendimiento intelectual desde la infancia temprana. Otros beneficios de comer en familia, es que ayuda a mantener conversaciones entre padres e hijos que permiten un mejor conocimiento mutuo, además, esta práctica permite la instauración de los gustos y las preferencias por los sabores y el implantar los hábitos alimentarios saludables (Carmen, 2014).
La complejidad de las diferentes dietas, los alimentos o las tendencias alimentarias van a presentar aspectos positivos o negativos para cierto grupo de la población. Lo que se buscar es mantener un equilibrio y crear ambientes en armonía para mantener un estilo de vida saludable. Así como mantener un mayor control de nuestra hambre y mejorar la relación de consumo de alimentos en la familia, lo cuales son: no comer si no se tiene hambre, saborear cada bocado, comer sin distracciones y despacio, probar todos los alimentos, evitar clasificarlos como buenos o malos, realizar ejercicio y aplicar la gratitud.
Referencias
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