Patrones dietéticos de la población costarricense y su asociación a factores de riesgo antropométricos

Dra. María Fernanda Pizarro Segura – Nutricionista
Patrones dietéticos de la población costarricense y su asociación a factores de riesgo antropométricos

Licenciada en Nutrición de la Universidad de Costa Rica. Experiencia en el área de Industria Alimentaria y en promoción de la salud mediante la educación nutricional grupal. Expositora en la Conferencia de la Federación Iberoamericana de Nutrición (FINUT), México 2022. 

 

Patrones dietéticos de la población costarricense y su asociación a factores de riesgo antropométricos 

La dieta es uno de los principales determinantes modificables de la salud. Ésta corresponde a un relevante objeto de estudio debido a que su composición y calidad pueden reducir o aumentar el riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) (Asghari et al., 2017). El estudio de la dieta global por medio de patrones dietéticos provee un mejor acercamiento a la alimentación real de las poblaciones; y, con ello, se puede obtener una mejor predicción de su asociación con distintos indicadores de salud. 

Como producto de la investigación “Asociación entre patrones de alimentación y el perfil antropométrico de la población urbana costarricense durante el año 2014- 2015” (Pizarro Segura, 2022), se identificaron seis patrones principales en la población costarricense, dentro de los cuales, los más destacados fueron el patrón Tradicional y el Occidental. 

El patrón Tradicional fue llamado de esta manera debido a que se compone de alimentos representativos de la cocina tradicional costarricense, como el arroz, las leguminosas, carnes blancas, grasas, carnes rojas y bebidas caseras azucaradas. Dicho patrón se puede resumir en el platillo popular conocido como “casado” el cual, por lo general, se prepara con arroz, frijoles, ensalada, carne de cualquier tipo o pescado, e incluso picadillo y plátano maduro, acompañado de una bebida natural (Montoya Greenheck, 2011). 

El patrón Occidental por su parte, segundo más importante de los encontrados en la investigación, se compuso de bebidas comerciales azucaradas, comidas rápidas, aderezos, postres, carnes blancas, chips y snacks. 

Quienes consumieron el patrón Tradicional con más frecuencia, presentaron menor índice de masa corporal (IMC), lo que sugiere una menor probabilidad de presentar exceso de peso según IMC. Asimismo, se asoció a menor presencia de obesidad abdominal, determinada por la circunferencia de cintura. Considerando el efecto negativo de la acumulación anormal de grasa abdominal en la salud, los resultados anteriores sugieren que el patrón Tradicional podría poseer un efecto protector de la salud. 

Dicho efecto protector puede ser explicado por las fortalezas nutricionales de este patrón, como: presencia de proteínas magras y fuentes considerables de fibra en su composición, provenientes por ejemplo de las carnes blancas y los frijoles, así como el aporte de vitaminas y minerales.  La fibra y la proteína tienen como uno de sus beneficios, el aumento de la saciedad y así, una moderación en la ingesta energética y el hambre subsecuente (Weickert & Pfeiffer, 2018).  

No obstante, los profesionales en la salud debemos tomar en cuenta las debilidades de este patrón y reforzar aspectos que se pueden mejorar en la alimentación de los costarricenses. Por ejemplo, en el Tradicional se presentó un bajo consumo de frutas, vegetales y lácteos. Sabemos que estos alimentos aportan variedad a la dieta y gran riqueza de micronutrientes necesarios para mantener un buen estado de salud.  

Con respecto al patrón Occidental, ha sido estudiado en distintas poblaciones y se ha asociado con un mayor riesgo a desarrollar ECNT debido a su aporte de grasas saturadas y azucares simples, así como su bajo aporte de vitaminas y minerales  (Krisanits et al., 2020; Rakhra et al., 2020).  

En la población costarricense se vio que el consumo de este patrón se asoció a menor presencia de obesidad cervical, contrario a lo que se ha visto en otras poblaciones. Estos resultados sugieren que se deben considerar más factores al estudiar la dieta y su asociación con la salud. Con el uso aislado de indicadores antropométricos no podemos saber con total certeza si los individuos que consumieron más frecuentemente este patrón poseen un estado nutricional y de salud óptimo.  

Si bien se evidenció que promover una alimentación basada en el patrón Tradicional, con las mejoras arriba indicadas, es conveniente tanto para el rescate de la cultura costarricense como para la protección de salud de la población, es importante que también se tomen en cuenta factores ambientales e indicadores antropométricos para reconocer la asociación de la dieta con la salud desde una visión más integral.  

 

Bibliografía 

  1. Asghari, G., Mirmiran, P., Yuzbashian, E., & Azizi, F. (2017). A systematic review of diet quality indices in relation to obesity. British Journal of Nutrition, 117, 1055–1065. https://doi.org/10.1017/S0007114517000915 
  2. Krisanits, B., Randise, J. F., Burton, C. E., Findlay, V. J., & Turner, D. P. (2020). Pubertal mammary development as a “susceptibility window” for breast cancer disparity. In Advances in Cancer Research (1st ed., Vol. 146). Elsevier Inc. https://doi.org/10.1016/bs.acr.2020.01.004 
  3. Montoya Greenheck, F. (2011). Tradiciones Alimentarias en Costa Rica : Diversidad Bio-Cultural en peligro de extinción. Academia, September. 
  4. Pizarro Segura, M. F. (2022). Asociación entre patrones de alimentación y el perfil antropométrico de la población urbana costarricense durante el año 2014- 2015. Universidad de Costa Rica. 
  5. Rakhra, V., Galappaththy, S. L., Bulchandani, S., & Cabandugama, P. K. (2020). Obesity and the Western Diet: How We Got Here. Missouri Medicine, 117(6), 536–538. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/33311784%0Ahttp://www.pubmedcentral.nih.gov/articlerender.fcgi?artid=PMC7721435 
  6. Weickert, M. O., & Pfeiffer, F. H. (2018). Impact of Dietary Fiber Consumption on Insulin Resistance and the Prevention of Type 2 Diabetes. American Society for Nutrition, 1(148), 7–12. https://doi.org/https://doi.org/10.1093/jn/nxx008