Omega-3 y su relación con la microbiota y mente
Las grasas de la alimentación juegan un papel importante en la modulación de las funciones inmunitarias y antiinflamatorias. También intervienen en la función cerebral, al favorecer la conducción de impulsos nerviosos y ocupar el 60% de la composición del cerebro. La grasa en el cerebro está compuesta principalmente por ácidos grasos poliinsaturados, omega-3 y omega-6 en su mayoría (60-65%, principalmente DHA y ácido araquidónico), por lo que muchos estudios han asociado deficiencias de estos nutrientes con un mayor riesgo de alteraciones neurológicas y cognitivas, posicionando una dieta rica en omega-3 como una opción preventiva para dichas alteraciones (2,5).
Los ácidos grasos omega-3 incluyen propiedades neuro-protectoras entre sus funciones, debido a que favorecen la flexibilidad, fluidez y permeabilidad selectiva de las membranas celulares, protegiendo el desarrollo neural de bebés y niños y previniendo la demencia en adultos mayores. Los efectos neuroprotectores se han asociado tanto al DHA como al EPA, sin embargo, existe más evidencia científica respecto al DHA (2,3,5). El aumento en la fluidez de las membranas neuronales mejora la rapidez en las interconexiones en la red neuronal, favoreciendo nuevas sinapsis y permitiendo al cerebro reaccionar o ajustarse a cambios ambientales internos y externos.
La mayoría de las guías alimentarias recomiendan una ingesta diaria de 250 a 1000 mg de EPA y DHA para suplir los requerimientos de una alimentación saludable en adultos. Diferentes estudios han mostrado efectos beneficiosos del consumo de omega-3 con dosis de 500 mg/d de DHA y EPA, con mayores efectos incluso que estudios que han utilizado dosis mayores de 1000 mg/d (1,2,3,5).
Se han observado efectos beneficiosos de los omega-3 en el eje microbiota-intestino-cerebro, ya que el ingreso de estos ácidos grasos a la barrera hematoencefálica puede disminuir la neuro-inflamación, por medio del cambio de fenotipo de los macrófagos M1 (proinflamatorio) a M2 (antiinflamatorio), y favoreciendo eubiosis de la microbiota (mayor cantidad de bacterias productoras de butirato y sus efectos antiinflamatorios) (4,7).
Una microbiota humana saludable es crucial para la integridad estructural y funcional de las funciones metabólicas de la mucosa colónica por medio de la producción de ácidos grasos de cadena corta como acetato, propionato y el butirato, siendo este último la principal fuente de energía de la mucosa colónica. Además, el butirato puede ejercer un efecto neuro-protector como inhibidor de histona deacetilasa (enzima encargada de extraer las proteínas de los cromosomas afectando la actividad de las histonas al alterar su unión con el ADN) y también como estímulo para la actividad mitocondrial (6,7). Una disbiosis puede aumentar la colonización microbiana debido a un debilitamiento en la barrera intestinal, afectando también la barrera hematoencefálica y causando inflamación periférica asociada (7).
Se ha visto que la disbiosis y la neuro-inflamación puede influir en el comportamiento y los estados de ánimo, además de diversas alteraciones psicológicas como el trastorno depresivo mayor, la ansiedad y el trastorno del espectro autista. Debido a la relación entre microbiota-cerebro, es importante considerar diversos alimentos que podrían mejorar su funcionalidad. Por ejemplo, una dieta alta en fibra dietética podría mejorar la condición de la microbiota y la salud del cerebro, ya que su consumo aumenta la proporción de bacterias Firmicutes (productoras de butirato) (4,7).
Otro ejemplo es el efecto prebiótico que se ha visto que los omega-3 podrían ejercer. Dentro de los efectos prebióticos de los omega-3 están la disminución en la producción de lipopolisacáridos (aumento en producción de citoquinas), lo que favorece disminución de cuadros inflamatorios. Esto se da por medio de la producción de bacterias supresoras de lipopolisacáridos (bifidobacterias) y disminución de las bacterias productoras de lipopolisacáridos (enterobacterias) (4,7).
Diversos estudios han evidenciado mejoría en la composición de la microbiota por medio de la suplementación con DHA/EPA. La mayoría de estos resultados fueron más significativos al utilizar una bebida funcional como vehículo para los ácidos grasos, en lugar de una cápsula y su impacto fue aún más efectivo si al omega-3 se le sumaban probióticos (4,6,7). Por estas y otras razones, se considera que la inclusión de ácidos grasos omega-3 como parte de una alimentación saludable podría favorecer tanto la salud de la microbiota como la salud mental y el incluir probióticos y fibra prebiótica podría potenciar aún más dichos efectos.
Bibliografía
- Asus, N. et al. (2017). Neuroplasticidad y ácidos grasos omega 3 en adultos mayores. DIAETA, 35(160), 38–45. https://pesquisa.bvsalud.org/portal/resource/pt/biblio-891132
- Balanzá Martínez, V. (2017). Hábitos saudáveis e estilo de vida durante a pandemia do COVID-19: uma websurvey para a populacao brasileira. View project LIFESAM-LIFEstyle behaviours and mental health (SAlud Mental) in Spain View project. https://www.researchgate.net/publication/319873715
- Baleztena Gurrea, J., Arana, M., Bes-Rastrollo, M., Castellanos, M. C., Gozalo, M. J., & Ruiz-Canela, M. (2017). Does omega-3 supplementation after the age of 65 influence cognitive function? Results of a systematic review. In Anales del Sistema Sanitario de Navarra (Vol. 40, Issue 3, pp. 433–442). Gobierno de Navarra. https://doi.org/10.23938/ASSN.0046
- Costantini, L., Molinari, R., Farinon, B., & Merendino, N. (2017). Impact of omega-3 fatty acids on the gut microbiota. In International Journal of Molecular Sciences (Vol. 18, Issue 12). MDPI AG. https://doi.org/10.3390/ijms18122645
- Feliu, M. S., Fernández, I., & Slobodianik, N. (2021). IMPORTANCE OF OMEGA 3 FATTY ACIDS IN HEALTH. In Actualización en Nutrición (Vol. 22, Issue 1).
- Hutchinson, A. N., Tingö, L., & Brummer, R. J. (2020). The potential effects of probiotics and ω-3 fatty acids on chronic low-grade inflammation. In Nutrients (Vol. 12, Issue 8, pp. 1–15). MDPI AG. https://doi.org/10.3390/nu12082402
- la Rosa, F., Clerici, M., Ratto, D., Occhinegro, A., Licito, A., Romeo, M., di Iorio, C., & Rossi, P. (2018). The gut-brain axis in Alzheimer’s disease and omega-3. A critical overview of clinical trials. In Nutrients (Vol. 10, Issue 9). MDPI AG. https://doi.org/10.3390/nu10091267