Nutrición y su relación con la salud mental y depresión

Dra. Seily Moraga – Nutricionista
Nutrición y su relación con la salud mental y depresión

Nutrición y su relación con la salud mental y depresión 

Según, la OMS (2022) la salud mental es un estado de bienestar emocional y psicológico que permite a las personas enfrentar el estrés de la vida cotidiana, desarrollar sus habilidades, aprender y trabajar de manera efectiva, y contribuir al bienestar de su comunidad.  

La salud mental se puede ver reducida por múltiples condiciones y enfermedades (OMS, 2022). Se han realizado investigaciones sobre el vínculo entre la dieta y la salud mental, en particular la depresión (Pérez-Padilla et al, 2017 y Ansari, W. E., Adetunji, H., & Oskrochi, R. 2014). Este vínculo ha estimulado el indagar como la nutrición afecta la función cerebral, así como la aparición y gravedad de las enfermedades mentales. 

Para ejemplificar la relación de la salud mental y los nutrientes, se puntualizará uno de los trastornos que afecta a millones de personas en todo el mundo (OMS en 2023) y tiene un gran impacto en la vida diaria de quienes la padecen: El Trastorno Depresivo Mayor (conocido simplemente como “depresión”). Cabe destacar que según el Manual de Estadísticas y diagnósticos de Salud Mental edición 5 (DSM-5-TR), además del Trastorno Depresivo Mayor, existen otros trastornos depresivos, que se diferencian en la presunta etiología o duración, no obstante, todos incluyen la característica común de que se presenta un estado de ánimo triste, vacío o irritable, acompañado de cambios relacionados que afectan significativamente la capacidad de funcionamiento del individuo.  

Pérez-Padilla et al, en su artículo del 2017 indican que el Trastorno de Depresión Mayor tiene una etiología que puede aparecer por la  combinación de al menos tres tipos de factores: Factores Psicosociales, posteriores a eventos estresantes que generarán cambios a largo plazo en la fisiología cerebral, los cuales serán responsables de las variaciones estructurales y el funcionamiento en diferentes áreas del cerebro; factores genéticos, asociados a más de 200 tipos de genes, y factores biológicos asociados a alteraciones en neurotransmisores, citoquinas y hormonas que también generan modificaciones estructurales y funcionales en el sistema nervioso central, sistema inmunológico o en el sistema endocrino. 

El efecto que pueden tener los nutrientes dentro de los procesos de depresión viene relacionado a este último factor biológico; donde se ve cómo a través de la correcta nutrición, el cuerpo es capaz de obtener las sustancias que precisa para digerir, absorber y metabolizar las moléculas necesarias para la salud cerebral, fabricar los neurotransmisores y otros metabolitos, o bien mantener la funcionalidad de las estructuras anatómicas (Lang et al., 2014).   Firth et al., 2019 en su meta-análisis, resaltan la existencia de efectos consistentemente significativos y positivos en intervenciones dietéticas sobre la severidad de los síntomas relacionados a la depresión; además, entre sus conclusiones están efectos que podrían ser potencialmente acumulativos con otros tipos de terapias y tratamientos no farmacológicos, relacionados a cambios en el estilo de vida. 

Es bien sabido cómo el ciclo de sueño-vigilia tiene numerosas funciones cognitivas y fisiológicas, cuando éste se ve comprometido influye negativamente en el estado general de la persona. En su revisión de artículos Pérez-Padilla et al (2017) indican cómo los trastornos del sueño son asociados a pacientes deprimidos ya sea por acciones proinflamatorias o la utilización y funcionamiento de monoaminas como la serotonina o la dopamina. 

En el 2014 Halson, analizó la importancia del sueño en deportistas y concluyó que el sueño comprometido puede afectar la memoria, la percepción del dolor, la inmunidad y la regulación de la inflamación, todos factores que según Pérez-Padilla et al (2017) son potenciadores de la severidad de los síntomas de depresión.  

Cabe destacar que otros nutrientes que aportamos a través de la dieta son importantes en la prevención y el manejo de la depresión y otros trastornos relacionados a la salud mental. Entre estos nutrientes destacan la función de la vitamina D, el zinc y el magnesio, vitaminas del complejo B, antioxidantes y reductores de la inflamación como el hierro, selenio y colina. Conjuntamente, los macronutrientes además de su aporte energético participan en muchos otros procesos necesarios para el bienestar mental. 

Para la producción de melatonina, una de las moléculas claves dentro de los ciclos de sueño y vigilia, es necesario que la persona consuma alimentos fuente de proteínas, como queso, leche, carne, huevo, leguminosas y semillas, para obtener un aminoácido llamado triptófano, el cual después de traspasar la barrera hematoencefálica es capaz de convertirse en serotonina y esta a su vez en melatonina.  

Asimismo, las proteínas no sólo aportarán este aminoácido, sino también otros aminoácidos esenciales y no esenciales que por sí solos o como precursores de otras moléculas, participan como activadores, inhibidores o moduladores de vías metabólicas que afectan los procesos relacionados con la depresión. Se pueden mencionar la glutamina que es precursor de los neurotransmisores, glutamato y ácido gamma aminobutírico (GABA), la fenilalanina y tirosina qué se transformarán en dopamina, noradrenalina y adrenalina (Elsevier, 2019)   

Los lípidos son otros de los macronutrientes de importancia dentro de la función biológica cerebral, donde dependiendo del tipo de grasa se puede afectar de manera negativa o positiva el trastorno depresivo. En un artículo del 2016 presentado por Cubero et al, se relaciona el efecto inhibitorio que tiene el omega 3 sobre la respuesta inflamatoria del sistema inmunológico por el incremento de las citoquinas (FNT-α o IL-1β), que pueden reducir la disponibilidad del triptófano y alterar el metabolismo de neurotransmisores, que según Pérez et al (2016) es otra de las hipótesis que se relaciona a la etiología del trastorno depresivo mayor.  

Como resumen, la salud mental es un estado esencial para el bienestar de las personas, familias y comunidades. Existen muchos trastornos como la depresión, que afectan de manera negativa la salud mental, no obstante, existen diferentes estrategias e intervenciones que se pueden realizar para mejorar o mantener la salud mental, entre ellas estrategias nutricionales y dietéticas, donde se tenga como base una alimentación equilibrada, variada y completa.  

Es importante destacar que las enfermedades mentales requieren una intervención multidisciplinar coordinada por el psiquiatra o psicólogo, pues son los profesionales que pueden dar un diagnostico y por ende orientar hacia el mejor tratamiento. 

Referencias

  1. Ansari, W. E., Adetunji, H., & Oskrochi, R. (2014). Food and Mental Health: Relationship between Food and Perceived Stress and Depressive Symptoms among University Students in the United Kingdom. Central European Journal of Public Health, 22(2), 90–97. https://doi.org/10.21101/cejph.a3941  
  2. Cubero, E., González, X., Herrera, G., & Hernández, Ó. (2016). Efectos del consumo de ácidos grasos omega-3 sobre la salud cardiovascular, cerebral y diversas. . . ResearchGate. https://www.researchgate.net/publication/311535993_Efectos_del_consumo_de_acidos_grasos_omega-3_sobre_la_salud_cardiovascular_cerebral_y_diversas_enfermedades_del_sistema_nerviosos_central  
  3. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders. Fifth Edition, Text Revision (DSM-5-TR) DSM Library. https://dsm.psychiatryonline.org/doi/book/10.1176/appi.books.9780890425787   
  4. Elsevier. (2019) Los 10 neurotransmisores principales y su función en el sistema nervioso central. Elsevier Connect. https://www.elsevier.com/es-es/connect/medicina/los-10-neurotransmisores-principales-y-su-funcion -en-el-sistema-nervioso-central 
  5. Firth, J., Marx, W., Dash, S., Carney, R., Teasdale, S., Solmi, M., Stubbs, B., Schuch, F. B., Carvalho, A. F., Jacka, F. N., & Sarris, J. (2019). The Effects of Dietary Improvement on Symptoms of Depression and Anxiety: A Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials. Psychosomatic Medicine, 81(3), 265–280. https://doi.org/10.1097/psy.0000000000000673 
  6. Halson, S. L. (2014). Sleep in elite athletes and nutritional interventions to enhance sleep. Sports Medicine, 44(S1), 13–23. https://doi.org/10.1007/s40279-014-0147-0 
  7. Lang, U. E., Beglinger, C., Schweinfurth, N., Walter, M., & Borgwardt, S. (2015). Nutritional aspects of depression. Cellular Physiology and Biochemistry, 37(3), 1029–1043. https://doi.org/10.1159/000430229  
  8. Pérez-Padilla, E. A. (2017, June 14). Prevalencia, causas y tratamiento de la depresión mayor. Pérez-Padilla | REVISTA BIOMÉDICA. https://www.revistabiomedica.mx/index.php/revbiomed/article/view/557/590  
  9. World Health Organization: WHO. (2022). Salud mental: fortalecer nuestra respuesta. www.who.int. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-strengthening-our-response 
  10. World Health Organization: WHO & World Health Organization: WHO. (2023). Depresión. www.who.int. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/depression