Los vínculos sostienen los límites

Lic. Natalia Calderón Astorga - Psicóloga
Los vínculos sostienen los límites

Entrenadora de disciplina positiva y neuro psicopedagoga, directora del Centro Especializado en Lenguaje y Aprendizaje -CELA.

 

Los vínculos sostienen los límites

Sin conexión no hay corrección, siendo por tanto que los vínculos afectivos, seguros, sostienen los límites en la crianza y educación de los hijos. La presencia de los padres de familia es un elemento fundamental para desarrollar la conexión emocional y fomentar vínculos sanos y estrechos entre padres e hijos. ¿De dónde sacamos la loca idea de que para que un niño se porte bien, primero tenemos que hacerle sentir mal?, comenta la Dra. Jane Nelsen, cofundadora del programa internacional de Disciplina Positiva.

Disciplina tiene que ver con enseñar, modelar y desarrollar habilidades, por lo que no se trata de corregir conductas. Educar a los hijos es una tarea desafiante y existen diversas formas de hacerlo. En muchas ocasiones se utilizan castigos y premios para tratar de enseñar lo que nos parece bien o mal, siendo esta una práctica que se fundamenta en una creencia que se ha transmitido de generación en generación, pero que es violenta y fomenta la violencia y va contra la dignidad de la persona. A este tipo de educación se le conoce como educación punitiva, ya que se centra más en el error del niño y por tanto en el castigo y las sanciones, lo que genera mayores fricciones entre padres e hijos, luchas de poder, distanciamiento y consecuencias emocionales que afectan el desarrollo sano de su personalidad.

La Disciplina Positiva ofrece a los padres de familia y educadores, diversas herramientas prácticas que posibilitan desarrollar un mejor vínculo afectivo y relación con sus hijos crean confianza, fomenta el respeto en las relaciones, refuerza y anima a los niños a colaborar en las tareas y responsabilidades del hogar y de la escuela. Asimismo, permite en los niños, el desarrollo de habilidades necesarias para la vida como lo son sus capacidades, amor propio, poder e influencia en la propia vida, habilidades interpersonales e intrapersonales y capacidad de juicio, entre otras. De esta forma estaremos formando personas responsables, autónomas e independientes, empoderados y con una autoestima sana.

La Disciplina Positiva parte de las necesidades fundamentales de los niños y adolescentes y respeta los derechos de estos, teniendo siempre presente el interés superior del niño. Es un programa de educación familiar y escolar que está fundamentado en la psicología individual del Dr. Alfred Adler, donde destaca la importancia de las personas de sentirse pertenecientes y significantes; por esta razón en la Disciplina Positiva nos centramos en el respeto mutuo y una sana convivencia que nos haga sentir a todos valiosos.

Para Félix López, catedrático de la Universidad de Salamanca, la necesidad primaria de los niños, es la seguridad emocional que incluye la experiencia de sentirse querido, aceptado, apoyado, acompañado, valorado, protegido, escuchado. Por tanto, los niños esperan que sus padres y cuidadores los acepten incondicionalmente, lo que significa que no se ponen condiciones a los hijos para amarlos, protegerlos, cuidarlos y educarlos: “Te acepto y te amo, te apoyo, te cuido y te valoro tal como eres”. “Sos un niño bueno”,

En esa misma línea educativa, María José Rodrigo, et al., Psicóloga Evolutiva de la Universidad de la Laguna, hace referencia a la parentalidad positiva, la que define como “el comportamiento de los padres fundamentado en el interés superior del niño, que cuida, desarrolla sus capacidades, no es violento y ofrece reconocimiento y orientación que incluyen el establecimiento de límites que permitan el pleno desarrollo del niño”. Para esta experta, un principio fundamental de la parentalidad y crianza es ofrecer a nuestros niños un “entorno estructurado”, que proporciona modelo, guía y supervisión para que los menores aprendan las normas y valores. Ello supone el establecimiento de rutinas y hábitos dentro del hogar para la organización de las actividades cotidianas donde se llevan a cabo estos aprendizajes.

Los límites y las rutinas dentro del hogar les aportan a los niños, una guía y orientación para la vida, al señalar el camino que consideran más conveniente a seguir. Ofrecen seguridad y autonomía a los hijos, además de que los preparan para la convivencia en sociedad, ya que aprenden sus derechos y deberes y los de los demás, les permite a los niños desarrollar la capacidad de controlar sus impulsos, desarrollar la empatía, tomar decisiones y responsabilizarse por los resultados, aprender a pensar, desarrollar y madurar su conciencia sobre lo que está bien y lo que está mal y a que se logre un buen clima de convivencia.

Tengamos presente que, ante todo, la conexión emocional con nuestros hijos es el primer paso para educar y para fomentar relaciones positivas, y que los límites y las normas que desarrollemos para la educación y crianza sean respetuosas, claras, flexibles, y cuando sea posible, hagamos partícipes a nuestros hijos en su construcción. Tome en cuenta que la mejor norma familiar es “conectar y estar”.

 

Referencias bibliográficas

  1. Ley No. 7739. Código de la Niñez y la Adolescencia. (11 del s del mes de diciembre de 1997).
  2. Lott L. y Nelsen J. (2020). Disciplina ´positiva en la familia. Una propuesta paso a paso para comenzar y liderar clases de crianza.
  3. López Sánchez F. (2006). ¿Qué necesita un niño o una niña? Necesidades infantiles: La respuesta de la familia, la escuela y la sociedad. Universidad de Salamanca. Madrid.
  4. Rodrigo López M. J.; Máiquez Chaves M. L. y Martín Quintana J. C. (2010). Parentalidad positiva y políticas locales de apoyo a las familias. Orientaciones para favorecer el ejercicio de las responsabilidades parentales desde las corporaciones locales. Gobierno de España.