Los probióticos y su importancia como parte del microbioma humano
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Profesional: Ing. Mariela Herrera Zúñiga
Ingeniera química- Universidad de Costa Rica, Máster en Microbiota, probióticos y prebióticos – Universidad Europea de Madrid. Novonesis A/S, parte de Novonesis Group
El término probiótico deriva del griego y significa “para la vida”, y se pueden definir como “microorganismos vivos que, cuando son administrados en cantidades adecuadas, confieren un beneficio para la salud del huésped” (FAO, 2001).
Estos deben cumplir con tres condiciones para poder ser considerados probióticos:
- Ser microorganismos y estar vivos al momento de ingerirlos.
- Una dosis suficientemente alta para causar un efecto positivo en el huésped.
- Un efecto beneficioso en el huésped: el efecto está directamente vinculado a cepas específicas con evidencia clínica y no puede considerarse general para diferentes cepas, especies o subespecies de microorganismos.
En la actualidad la mayoría de los probióticos son bacterias pertenecientes a los géneros Lactobacillus (Lacticaseibacillus) y Bifidobacterium.
Para la industria láctea latinoamericana desde mediados de la década de los 90, el yogurt ha sido el vehículo perfecto para incorporar cepas probióticas: gracias a la cadena de frío se garantiza la supervivencia de la cepas probióticas durante toda la vida útil del producto y el pH ácido del yogurt que permite que sensorialmente no se perciban notas ácidas que, en algunos casos podrían indirectamente ser producto de la actividad de las cepas probióticas o bien podría ocurrir cuando cepas de algunos probióticos del género Lacticaseibacillus se dosifican en productos de pH cercano al neutro como leches pasteurizadas o queso fresco.
Probióticos y su relación con el microbioma humano
El microbioma humano es el término que se utiliza para referirse a todo el hábitat que estos microorganismos ocupan, incluye a bacterias, arqueas, eucariotas y virus, sus genomas y las condiciones ambientales circundantes. Se compone de más de 1500 diferentes especies y cuenta con alrededor de 100 billones de células, codificadas por 3,3 millones de diferentes genes no humanos. Con esta complejidad no es sorprendente que el microbioma humano juegue un papel protagónico en la salud humana a través de la interacción íntima con nuestro cuerpo y los sistemas que lo dirigen.
Más recientemente la comunidad científica ha girado el foco de investigación en áreas como el eje intestino cerebro y se ha logrado identificar como la presencia de ciertas cepas podría incrementar los cuadros de ansiedad o estrés, en esta misma área de estudio hay identificadas ciertas cepas que al ser dosificadas en ciertas dosis definidas generan un efecto benéfico en el estado de ánimo y en la producción de ciertos neurotransmisores. El descubrimiento de estas relaciones interdependientes dentro del cuerpo, al igual que la interacción entre el tracto gastrointestinal, microbiota y probióticos ha ganado un interés considerable entre los consumidores.
Las bacterias que son parte del tracto gastrointestinal contribuyen al metabolismo del huésped: podemos citar, por ejemplo, produciendo metabolitos como los ácidos grasos de cadena corta que tienen propiedades neuroactivas (Dinan, 2013).
Por otra parte algunas especies de Lactobacillus, Bifidobacterium, Escherichia y Bacillus, también pueden producir neurotransmisores y neuromoduladores como el ácido gama aminobutírico, norepinefrina y dopamina; sin mencionar que algunos probióticos pueden también modular los receptores opioides y cannabinoides en el epitelio intestinal. La evidencia emergente sugiere que el microbioma intestinal puede influir en los síntomas centrales de los trastornos neuropsiquiátricos como el estrés, la depresión y la ansiedad dando lugar al concepto de “psicobióticos” que se definen como probióticos que, cuando se ingieren en cantidades apropiadas, confieren beneficios para la salud mental (Soldi, 2018).
La microbiota intestinal está asociada con el desarrollo y función del cerebro, así como alteraciones emocionales, motoras, y comportamientos cognitivos en animales sin embargo sigue existiendo una necesidad apremiante de desentrañar los mecanismos y vías de comunicación que sustentan las conexiones microbiota-cerebro. Los modelos animales han revelado profundas contribuciones de las bacterias intestinales a la actividad cerebral y el comportamiento, aunque la medida en que estos hallazgos se traducen en humanos no está totalmente clara. Estudios longitudinales que integren genética, ambiente-así como intervenciones que modifican la microbiota y miden las interacciones cerebrales a nivel celular y a nivel molecular- ayudarán a resolver bajo cuáles condiciones y contextos los microorganismos puede influir en el cerebro humano y su salud (Cryan, 2022).
Cepa L.casei® 431: un probiótico documentado para estimular y fortalecer nuestro mecanismo de defensas.
Se ha demostrado que el L.casei 431® interactúa con el sistema inmunitario modulando funciones como la fagocitosis y la producción de anticuerpos y citoquinas: las inmunoglobulinas forman parte de la respuesta inmune específica, siendo la IgA principalmente asociada con la inmunidad de la mucosa y el funcionamiento como defensa local contra bacterias, virus, toxinas y alérgenos; por otro lado la IgM e IgG siendo activas en la respuesta inmune sistémica.
Para investigar el efecto de los probióticos en el sistema inmunitario se creó un modelo de vacuna utilizado en un estudio aleatorizado doble ciego, con control placebo en humanos que incluyó 1104 sujetos sanos. El modelo usó la vacuna contra la influenza para desencadenar la respuesta del sistema inmunológico y de esta forma medir el efecto sobre la rama humoral del sistema inmune. Un mínimo de mil millones de ufc/día de L.casei 431® o placebo se administraron en una bebida fermentada a base de leche durante seis semanas.
L.casei 431® demostró una reducción significativa de los días del resfriado común y enfermedades similar a la influenza durante la semana cuatro a seis del período de intervención comparado contra el grupo control placebo y además, estos sujetos utilizaron en menor número los servicios de salud por infecciones y un menor número de ciclos de antibióticos en comparación con los sujetos en el grupo placebo en el período de seguimiento (Jespersen, 2015).
Los probióticos dentro de la dieta apoyan la construcción y mantenimiento de un microbioma sano, y las cepas específicas estimulan el sistema inmune o ayudan a procesos de tránsito intestinal, al igual que interactúan con otros sistemas como el nervioso y endocrino. El consumo de probióticos también debe ser apoyado junto con acciones como una dieta saludable con consumo de frutas y vegetales que aporten fibra prebiótica para el mantenimiento de nuestras bacterias buenas y con actividad física regular.
Referencias bibliográficas
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