La evolución del conocimiento sobre cáncer y nutrición
- Fecha de publicación:
Profesional: Dra. Seily Moraga
El cáncer es una de las enfermedades más antiguas registradas. Como relatan López y Cardona (2021), en su artículo Historia del cáncer y el cáncer en la historia, Hipócrates y Galeno definieron la enfermedad como un proceso natural y basaron su tratamiento en la observación y la experiencia. La relación del cáncer con la nutrición es conocida desde hace mucho tiempo, pero su conexión real era confusa, por ejemplo, Savino Lloreda (2021) comenta que hasta antes del siglo XIX muchos facultativos de la época creían que la alimentación influía significativamente en la aparición y tratamiento de la enfermedad, pero al carecer de evidencia, no se sabía cómo discernir entre observaciones acertadas y mitos. No obstante, sentaron las bases con las que se trabaja hoy.
Friedrich Hoffman indicó en 1700 lo siguiente: “para tener una vida larga y sana son necesarios una alimentación adecuada, acompañada de ejercicio, aire limpio y sueño” (Savino Lloreda, 2021); recomendación que se podría escuchar en cualquier centro médico de la actualidad. Más de 300 años después de lo escrito por Hoffman, Robles Agudo et al. (2005), amplían afirmando que existe abundante evidencia entre la relación entre ciertos hábitos de vida y el cáncer, destacando el tabaquismo, la exposición a contaminantes ambientales y la dieta. Ya para el año 2005 se estimó que más de un tercio de los casos de cáncer están relacionados con la alimentación, aunque se complica la identificación del impacto específico de la comida sobre la incidencia de la enfermedad, ya que la dieta interactúa con factores ambientales y genéticos.
Al estudiar la evolución del manejo nutricional del cáncer, es evidente que los hitos más significativos ocurrieron en los siglos XIX, XX y, especialmente, en el XXI. Durante este último período, la investigación y los avances tecnológicos en el campo médico-nutricional han dado grandes saltos. Gracias a estos avances, se ha logrado una mejor comprensión de la enfermedad, lo que ha permitido diagnósticos más precisos y ha dado lugar a nuevos tratamientos y procedimientos que pueden mejorar los resultados para los pacientes.
Como lo explica la Asociación Americana del Cáncer en su web, para el adecuado manejo nutricional es clave entender que el cáncer tiene una etiología multicausal y no es una única enfermedad, sino que es una denominación dada a un conjunto de patologías donde las células de un tejido se multiplican sin control, presentando anormalidades tanto en su forma, como función y se diseminan a otras partes del cuerpo; además, provocando que al organismo le resulte difícil funcionar de la manera que debería hacerlo.
Cáceres Lavernia et al. (2016) enfatizan que la dificultad de mantener un buen estado nutricional se debe tanto al desarrollo de la propia enfermedad neoplásica, como al tratamiento oncoespecífico que se administra. El cáncer por sí mismo genera alteraciones metabólicas que dan lugar a la caquexia cancerosa, el cual es un síndrome donde se pierde de manera progresiva la masa grasa, muscular y visceral, esta pérdida de peso es consecuencia de síntomas ocasionados por el tumor: anorexia, astenia, anemia, náuseas crónicas, edemas e inmunosupresión. Todo esto repercutirá en distintos aspectos: la evolución de la enfermedad (morbilidad y mortalidad), el cumplimiento terapéutico, la calidad de vida y la esfera psicosocial del paciente.
La desnutrición se origina como consecuencia de necesidades energéticas del paciente aumentadas y una ingesta insuficiente de nutrientes y energía, debido a que además de la caquexia cancerosa, el paciente puede verse afectado por los efectos secundarios de algunos tratamientos, la presencia de condiciones o enfermedades previas a la aparición del tumor como la obesidad, diabetes y otras enfermedades o aspectos psico-sociales, incluso desatenciones del sistema de salud, que van en detrimento de la composición corporal debido a la ingesta energético-proteica insuficiente.
Tener en cuenta lo mencionado en los párrafos anteriores es fundamental para comprender por qué, a pesar de estar en el año 2024 y después de siglos de investigación, no se puede atribuir a la nutrición o a un solo alimento la causa o cura del cáncer. Sin embargo, por las mismas razones, es claro que una alimentación adecuada es esencial en la prevención y el tratamiento oncológico. Además, contar con un profesional en nutrición es indispensable dentro de un equipo interdisciplinario para el manejo del paciente oncológico, debido a las características específicas de la patología y su tratamiento.
En conclusión, el estudio del cáncer y su relación con la nutrición ha progresado significativamente a lo largo de la historia. Desde los tiempos de Hipócrates y Galeno hasta la actualidad, se ha reconocido la importancia de una alimentación adecuada y un estilo de vida saludable en la prevención y manejo de esta compleja enfermedad.
Referencias
- López, M. M., & Cardona, A. F. (2021). Historia del cáncer y el cáncer en la historia. Medicina, 42(4), 528–562. https://doi.org/10.56050/01205498.1559
- Savino Lloreda, P. 2021. Historia de la nutrición y el cáncer desde Hipócrates hasta el siglo XIX. Medicina. 43, 1 (abr. 2021), 214–232. DOI: https://doi.org/10.56050/01205498.1596
- Robles-Agudo, F., Sanz-Segovia, F., López-Arrieta, J., & De la Ascensión, M. B. (2005). Alimentación y cáncer. Revista Española de Geriatría y Gerontología, 40(3), 184-194. https://doi.org/10.1016/s0211-139x(05)74851-4
- ¿Qué es el cáncer? (s. f.). Cancer.gov. https://www.cancer.gov/espanol/cancer/naturaleza/que-es#definicion-del-cancer
- Cáceres Lavernia, H., Neninger Vinageras, E., Menéndez Alfonso, Y., & Barreto Penié, J. (2016). Intervención nutricional en el paciente con cáncer. Revista Cubana de Medicina, 55(1), 0. http://scielo.sld.cu/pdf/med/v55n1/med06116.pdf