Identificando conductas de riesgo normalizadas en navidad

Dra. Paula Díaz, Dra. Francesca Golfín y Dra. Marianela Ibarra – Nutricionistas TCA

Profesional: Dra. Paula Díaz, Dra. Francesca Golfín y Dra. Marianela Ibarra

Formas de alimentación y su efecto en nuestro organismo2

Licenciadas en nutrición, máster en trastornos de la conducta alimentaria (TCA), creadoras de No Dieta Costa Rica, un grupo de nutricionistas cuya misión es informar y capacitar en temas de bienestar y salud desde un enfoque no peso centrista que respeta la diversidad corporal.

Es común que la sobrevaloración de la delgadez (por ejemplo: lograr cierta figura corporal para el verano), el temor a engordar y la insatisfacción corporal lleve a las personas a tomar decisiones para controlar su peso corporal que generan más daño que beneficio a su salud física y mental. Muchos viven obsesionados con el número de la balanza, la imagen del espejo y por cada bocado que consumen. Por esta razón, cuando vienen temporadas como la navideña donde hay mayor abundancia de ciertas comidas, algunas personas caen en conductas alimentarias de riesgo para evitar cambios en su peso/figura ya sea por razones estéticas o “de salud”. Por ejemplo, personas que han venido en procesos de alimentación restrictivos durante los meses anteriores, pueden desarrollar episodios de descontrol hacia la comida en esta temporada donde sobreabundan muchos de los alimentos que posiblemente se han venido prohibiendo a lo largo de los meses (Giel, et al., 2022). 

Las conductas de riesgo son comportamientos alimentarios disfuncionales en una persona que no cumple un criterio completo para un diagnóstico de un trastorno de conducta alimentaria (TCA). Estas conductas generan a lo largo del tiempo las mismas consecuencias médicas, psicológicas y nutricionales que alguien que sí padece un TCA. Por lo tanto, lo que podría parecer normal en la sociedad, e inclusive ser premiado y reforzado, puede terminar convirtiéndose en una enfermedad duradera y grave. Por eso resulta de suma importancia que los profesionales de la salud se formen en habilidades para detectar estas conductas de riesgo y así puedan referir tratarlas de forma oportuna o referir a profesionales de salud especialistas. Algunos ejemplos de conductas de riesgo a las que debemos estar atentos:  

  • Prohibirse o permitirse consumir ciertos alimentos según la cantidad de actividad física que realizó en el día.
  • Intentar compensar calorías ingeridas a través del uso de laxantes, diuréticos, vómito, ejercicio intenso, ayuno u omisión de tiempos de comida.
  • Evitar eventos sociales que involucren alimentos o asistir sin participar de la comida.
  • Restringir la ingesta de alimentos previo a un evento en el que consumirá alimentos. 
  • No permitirse consumir recetas típicas de navidad que le agraden a menos que hayan sido modificadas en su contenido calórico, de azúcar y/o grasa, entre otros. 
  • Interferencia de patrones de alimentación y ejercicio con la calidad de vida.

Unido a esto, hay señales de alarma que nos pueden indicar que existe una distorsión en la relación con la comida o el cuerpo de la persona y que no debemos pasar por alto. Algunos ejemplos que se pueden mencionar son: cambios en los patrones de alimentación asociados a control de peso, preocupación excesiva alrededor de la comida, el peso y/o el cuerpo, oligomenorrea o amenorrea secundaria, pérdida de peso significativa o fluctuaciones constantes de peso, síntomas gastrointestinales como distensión abdominal, saciedad temprana, estreñimiento, así como ejercicio excesivo, compulsivo o rígido (APA, 2023; AED, 2021). 

Como se mencionó anteriormente, estas conductas de riesgo pueden traer consecuencias serias a la salud física y mental. Por ejemplo, el ciclaje del peso (efecto “yoyo de las dietas”) se ha asociado con mayor riesgo de mortalidad, fractura por osteoporosis, hipertensión arterial, inflamación crónica, disrupción metabólica, mayor estrés psicológico, mayor prevalencia de atracones y menos hábitos saludables (Mauldin, May & Clifford, 2022). Dos herramientas de detección con las que como profesionales de salud podemos contar, son:

El cuestionario SCOFF (Sick, Control, One, Fat, Food) de Morgan et al. (1999):

  1. ¿Se ha provocado el vómito cuando se siente incómodamente llen@?
  2. ¿Le preocupa perder el control de cuánto comer?
  3. ¿Recientemente ha perdido más de 6 kg en un periodo de 3 meses?
  4. ¿Considera que está gord@ a pesar de que los demás le mencionan que se encuentra delgad@?
  5. ¿Considera que la comida domina su vida?
  6. Pregunta relacionada con trastorno por atracón: En los últimos 3 meses ha tenido algún episodio de consumo excesivo de alimentos (comer significativamente más que la mayoría de personas, en un período similar). 

El cuestionario SDE (Screen for Disordered Eating) de Maguen et al. (2018):  

  1. ¿Frecuentemente tiene el deseo de comer cuando se siente emocionalmente molesto o estresado?
  2. ¿Frecuentemente siente que no puede controlar qué o cuánto come?
  3. ¿En ocasiones se provoca vómito para controlar su peso?
  4. ¿Frecuentemente se siente preocupado por el deseo de ser más delgado?
  5. ¿Cree que está gordo a pesar de que otras personas le dicen que está muy delgado?

Si una persona se relaciona con dos o más enunciados en alguno de estos cuestionarios se encuentra en riesgo de un TCA, por lo que debe ser referido a un profesional de la salud con formación en TCA, ya que, aunque no haya un diagnóstico completo, el tratamiento es el mismo que si lo hubiera. 

¿Qué podemos hacer como profesionales de salud?

  1. Educar y practicar el no comentar del cuerpo nuestro ni de los demás; a pesar de que el comentario tenga connotación positiva o negativa. Esto debido a que refuerza ideales de belleza, salud, aceptación y puede inducir a insatisfacción corporal. 
  2. Fomentar comidas en familia, esto modela hábitos de alimentación positivos y ayuda a honrar señales de hambre y saciedad. 
  3. Prescribir ejercicio sin hacer referencia a pérdida de peso, visualizar que cualquier movimiento debe ser placentero y beneficia aspectos como la salud mental y física.
  4. Crear espacios seguros para todo tipo de cuerpos, muchas personas en cuerpos grandes evitan la visita a consultorios ya que son juzgados, regañados y no tienen espacio para poder habitar.

En conclusión, como profesionales de la salud debemos despertar una mayor curiosidad hacia los comportamientos alimentarios y la relación con la figura corporal que nuestros pacientes muestran. Obviar las conductas alimentarias de riesgo puede ocasionar que pasemos por alto las verdaderas necesidades del paciente, que no brindemos una atención adecuada y eventualmente terminar ofreciendo recomendaciones inadecuadas e inclusive perpetradoras de esas conductas. 

Bibliografía:

  1. American Psychiatric Association (APA). (2023). Practice guidelines for the treatment of patients with eating disorders (4 ed.). American Psychiatric Publishing.
  2. Academy of Eating Disorders (AED). (2021). Eating disorders: A guide to medical care (4 ed.). Obtenido de https://higherlogicdownload.s3.amazonaws.com/AEDWEB/27a3b69a-8aae-45b2-a04c-2a078d02145d/UploadedImages/Publications_Slider/2120_AED_Medical_Care_4th_Ed_FINAL.pdf
  3. Giel, K. E., Bulik, C. M., Fernandez-Aranda, F., Hay, P., Keski-Rahkonen, A., Schag, K., Schmidt, U., & Zipfel, S. (2022). Binge eating disorder. Nature reviews. Disease primers, 8(1), 16. https://doi.org/10.1038/s41572-022-00344-y
  4. Maguen, S., et al. (2018). Screen for Disordered Eating: Improving the accuracy of eating disorder screening in primary care. General Hospital Psychiatry, 50, 20-25.
  5. Mauldin, K., May, M., & Clifford, D. (2022). The consequences of a weight-centric approach to healthcare: A case for a paradigm shift in how clinicians address body weight. Nutr. Clin. Pract., 37, 1291-1306.