Hábitos positivos para favorecer la salud ósea
La salud ósea es de gran importancia para el desenvolvimiento de una manera óptima en el día a día; especialmente si tomamos en cuenta que cada vez son más las personas a nivel mundial que presentan osteopenia y osteoporosis con un dato alarmante de 436 millones de personas por todo el mundo, según lo menciona la Organización Mundial de la Salud. Cuando se menciona algún aspecto para mejorar la salud ósea, generalmente el eje central gira entorno a la ingesta de varios nutrientes, entre los cuales se destacan el calcio, vitamina D, proteína, magnesio, fósforo, potasio y vitamina K. Estos nutrientes tienen un importante impacto en la salud ósea, sin embargo, se abordarán otros hábitos o aspectos que también pueden ayudar a favorecer la salud de los huesos (13).
Un hábito que se debe incorporar en nuestra vida diaria para mejorar la salud ósea es la actividad física regular. Existe suficiente evidencia científica que destaca el papel de la actividad física como un factor protector de la salud física, mental y social. También se ha demostrado que reduce en gran medida diversas enfermedades, entre las cuales se incluye la osteopenia, osteoartritis y osteoporosis (1).
El tipo de actividad física que podría ayudar en gran medida a la salud ósea es aquella que produce un impacto a nivel de hueso. Algunos ejemplos de actividades que generan impacto incluyen: saltar en un pie, con los dos pies, trabajo pliométrico, ejercicio de resistencia, equilibrio y ejercicio de fortalecimiento muscular. La ejecución de este tipo de dinámicas puede favorecer la remodelación ósea (6,12).
En el proceso de remodelación ósea intervienen principalmente tres células: osteoblastos, osteocitos y osteoclastos. El trabajo en conjunto de estas células, permite el crecimiento óseo, tanto de manera radial como longitudinal, permitiendo reparar los micro daños causados por el ejercicio y ayudándole al hueso a volver a su estructura inicial, lo que favorece la densidad ósea. Se debe considerar que no toda actividad física brindará un beneficio a los huesos, un ejemplo de esto es la natación, ya que, a pesar de ser un excelente ejercicio cardiovascular, no existe mayor impacto óseo y por lo tanto tampoco se dará la remodelación ósea (8).
Un aspecto que mencionan distintos autores y que se ha analizado a través de los años, es el aumento de peso de manera progresiva, hasta llegar a la obesidad, y cómo esto puede provocar daño óseo. El exceso de peso por lo general estará acompañado de grasa corporal. Este tejido adiposo ectópico en hueso puede entrar a las cavidades óseas medulares, no dando espacio a una adecuada remodelación ósea, creando cavidades más profundas y propiciando que el individuo presente osteopenia. Por otra parte, el tejido adiposo que se mantiene en medio de las articulaciones puede favorecer el inicio de osteoartritis (5).
El último aspecto que se mencionará para favorecer la salud ósea, es la composición corporal. La composición corporal, que incluye masa magra, masa grasa, masa libre de grasa y contenido mineral óseo; tiene una estrecha relación con la actividad física y peso corporal. Esta composición puede variar según edad, nivel de actividad física, etnia y tipo de evaluación corporal. Algunos autores mencionan que, si el individuo presenta un mayor porcentaje de masa magra con respecto a masa grasa, podría tener menor probabilidad de riesgo de fractura a nivel de cuello femoral, ya que, según algunas teorías, una mayor masa magra servirá como capa protectora ante una posible caía (1,4,5).
Se debe considerar que los aspectos mencionados anteriormente (actividad física, peso, grasa corporal y composición corporal) se deben de trabajar de una manera conjunta para optimizar el beneficio óseo. El incorporar actividad física diaria favorecerá el mantenimiento de un peso saludable, así como el mantenimiento o aumento de masa muscular. Así mismo, las personas podrán desenvolverse adecuadamente, efectuando movimientos con mejor técnica, postura ósea correcta e impactando de un modo positivo a la remodelación ósea y por lo tanto a su calidad de vida.
Referencias
- Muthuri, S. G., Ward, K. A., Kuh, D., Elhakeem, A., Adams, J. E., & Cooper, R. (2019). Physical Activity Across Adulthood and Bone Health in Later Life: The 1946 British Birth Cohort. Journal of Bone and Mineral Research, 34(2), 252–261. https://doi.org/10.1002/jbmr.3607
- Faienza, M. F., Lassandro, G., Chiarito, M., Valente, F., Ciaccia, L., & Giordano, P. (2020). How physical activity across the lifespan can reduce the impact of bone ageing: A literature review. International Journal of Environmental Research and Public Health, 17(6), 1–9. https://doi.org/10.3390/ijerph17061862
- Oliveira, M. C., Vullings, J., & van de Loo, F. A. J. (2020). Osteoporosis and osteoarthritis are two sides of the same coin paid for obesity. Nutrition, 70. https://doi.org/10.1016/j.nut.2019.04.001
- Isanejad, M., Sirola, J., Mursu, J., Kröger, H., Tuppurainen, M., & Erkkilä, A. T. (2017). Association of protein intake with bone mineral density and bone mineral content among elderly women: The OSTPRE fracture prevention study. Journal of Nutrition, Health and Aging, 21(6), 622–630. https://doi.org/10.1007/s12603-016-0800-4
- Tomlinson, D. J., Erskine, R. M., Morse, C. I., & Onambélé, G. L. (2019). Body fat percentage, body mass index, fat mass index and the ageing bone: Their singular and combined roles linked to physical activity and diet. Nutrients, 11(1). https://doi.org/10.3390/nu11010195
- Bland, V. L., Bea, J. W., Roe, D. J., Lee, V. R., Blew, R. M., & Going, S. B. (2020). Physical activity, sedentary time, and longitudinal bone strength in adolescent girls. Osteoporosis International, 31(10), 1943–1954. https://doi.org/10.1007/s00198-020-05406-z
- Henriques-Neto, D., Magalhães, J. P., Hetherington-Rauth, M., Santos, D. A., Baptista, F., & Sardinha, L. B. (2020). Physical Fitness and Bone Health in Young Athletes and Nonathletes. Sports Health, 12(5), 441–448. https://doi.org/10.1177/1941738120931755
- Santos, L., Elliott-Sale, K. J., & Sale, C. (2017). Exercise and bone health across the lifespan. Biogerontology, 18(6), 931–946. https://doi.org/10.1007/s10522-017-9732-6
- Krahenbühl, T., Guimarães, R. de F., Barros Filho, A. de A., & Gonçalves, E. M. (2018). Geometria Óssea E Atividade Física Em Crianças E Adolescentes: Revisão Sistemática. Revista Paulista de Pediatria, 36(2), 230–237. https://doi.org/10.1590/1984-0462/;2018;36;2;00005
- Sun, Y., Yuan, Y., Wu, W., Lei, L., & Zhang, L. (2021). The effects of locomotion on bone marrow mesenchymal stem cell fate: insight into mechanical regulation and bone formation. Cell and Bioscience, 11(1), 1–14. https://doi.org/10.1186/s13578-021-00601-9
- Segev, D., Hellerstein, D., & Dunsky, A. (2018). Physical Activity-does it Really Increase Bone Density in Postmenopausal Women? A Review of Articles Published Between 2001-2016. Current Aging Science, 11(1), 4–9. https://doi.org/10.2174/1874609810666170918170744
- Troy, K. L., Mancuso, M. E., Butler, T. A., & Johnson, J. E. (2018). Exercise early and often: Effects of physical activity and exercise on women’s bone health. International Journal of Environmental Research and Public Health, 15(5). https://doi.org/10.3390/ijerph15050878
- Cauley, J. A., & Giangregorio, L. (2020). Physical activity and skeletal health in adults. The Lancet Diabetes and Endocrinology, 8(2), 150–162. https://doi.org/10.1016/S2213-8587(19)30351-1