El segundo cerebro y su enorme poder
Autora de 3 libros, divulgadora a través de congresos, cursos virtuales y redes sociales. Con más de 18 años de experiencia, ha colaborado con capacitaciones y campañas nacionales con el Gobierno de Costa Rica, Panamá y Colombia en temas relacionados con salud mental.
El segundo cerebro y su enorme poder
El intestino ha tomado protagonismo en los últimos años, tanto así que se conoce como el segundo cerebro porque tiene más de 500 millones de neuronas y cuenta con 2 a 3 kilos de microrganismos que, más allá de simplemente procesar la comida que ingerimos, tienen una conexión directa con el cerebro. Estos microrganismos se conocen como la microbiota intestinal y esconden una multitud de secretos sorprendentes que cuando los conocemos no hay vuelta atrás.
Hace algunos años ya, conocemos la conexión bidireccional entre el intestino y el cerebro. Sabemos que tiene vías de rápido acceso como el nervio vago y otras más lentas como las sustancias que viajan a través de la sangre. Sin embargo, hace pocos años constatamos que esta conexión bidireccional también impacta en ambos sentidos, entendiendo que, los tipos de microrganismos que habitan en nuestro intestino influyen en lo que sentimos, pensamos y las decisiones que tomamos; y al mismo tiempo, lo que sentimos, pensamos y las decisiones que tomamos, también repercuten en el funcionamiento de nuestro intestino.
Este argumento tan poderoso se ha confirmado en múltiples investigaciones en los últimos años: el resultado de un sano crecimiento y funcionamiento de la microbiota intestinal, es consecuencia de la interacción con los nutrientes que consumimos, resulta un componente crítico para poder disfrutar de una salud mental para toda la vida (Megan Clapp, 2017).
Uno de los estudios más recientes y reveladores que van arrojando una línea de tratamiento médico para los próximos años, se está llevando a cabo en Houston (Texas), con jugadores de fútbol americano a quienes se les hicieron escáneres cerebrales durante la temporada de juego.
Dichos jugadores, a pesar de haber sufrido múltiples golpes o contusiones, no presentaron biomarcadores y los escáneres del cerebro salieron perfectos. Sin embargo, de manera inesperada, al evaluarles la microbiota intestinal se pudieron identificar cambios en esta, con solo haber sufrido una contusión o lesión cerebral (Soriano Sirena, 2022).
Estudios longitudinales llevados a cabo en estos jugadores, en los que su cerebro y cuerpo sufrieron una inflamación como consecuencia de las múltiples contusiones por largos periodos, sin intervención, mostraron a los 50/60 años episodios de ansiedad, depresión, conductas violentas, autolesiones, suicidio o desarrollo de enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer o Parkinson.
Sin irnos muy lejos y de interés mundial, estudios recientes en relación al COVID19, nos alertan de los efectos neurológicos que estamos viendo en niños, adolescentes y adultos. Y es que nuevamente la evidencia nos ha confirmado que esta pandemia que acabamos de transitar generó cambios en la microbiota intestinal de todos los que nos contagiamos.
Estas secuelas neurológicas y estos cambios en la microbiota intestinal, es lo que hoy llamamos el COVID persistente y su manifestación se evidencia después de varios meses de recuperarse de la enfermedad, a pesar de haberla transitado sin síntomas. Dentro de las secuelas neurológicas más significativas en la población general, se pueden mencionar: fatiga crónica, dolor de cabeza, anosmia (congestión nasal con perdida de olfato parcial o temporal), trastornos de la atención, pérdida de la memoria, problemas de sueño, depresión, ansiedad y estrés postraumático (Bin Wang et al. 2022).
Comprendiendo la relevancia de esta información, el óptimo desarrollo de la microbiota intestinal y su sano funcionamiento, es crítico para poder disfrutar de salud física y mental. Cada vez tenemos más evidencia científica que demuestra cómo el tipo de bacterias que habiten en nuestro organismo, se ven directamente vinculadas con síntomas de déficit de atención (Ana Checa-Ros, 2021) con trastornos del sueño (Bruna Neroni, 2021), con el aumento en la severidad de los síntomas en autismo (Garcia-Gutierrez 2020) y con la aparición de síntomas de ansiedad y depresión (Carra, 2021), por mencionar algunas.
Y es que cuando hablamos de la relación entre todas estas enfermedades mentales y la microbiota intestinal, podemos deducir que el tratamiento farmacológico no puede ser la única línea de acción. Inclusive en la clínica, muchos pacientes ya no están mostrando respuesta alguna cuando el tratamiento es únicamente farmacológico. Pareciera que la medicina de los próximo tiempos debe buscar un tratamiento más integral y volver la mirada a la totalidad y complejidad del organismo para su sano funcionamiento.
Finalizando, este 2022 la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos revela cifras alarmantes en la salud mental de niños, adolescentes y adultos. Se observa un aumento del 48% de enfermedades mentales donde encabezan la lista los trastornos de ansiedad, la depresión y el suicidio. Y lastimosamente, este número es solo la punta del iceberg, puesto que la pandemia y todo lo que ella trajo, aunado a los hábitos de vida poco saludables, están haciendo estragos en la salud mental de la población.
Estamos enfrentando una pandemia silenciosa en salud mental, es por ello que, la información, la prevención y los cambios en nuestros hábitos alimentarios y de vida, son críticos si queremos salir de esta otra pandemia con las menores secuelas posibles.
Frente a esta gran problemática los profesionales de la salud debemos ser agentes de cambio y marcar la diferencia. Es nuestra obligación informar a la sociedad y profesar con el ejemplo. En esta línea las investigaciones más relevantes indican que el consumo regular de prebióticos (fibra soluble que nutre a la microbiota) y probióticos, modifican favorablemente los microbios para su óptimo funcionamiento (Fereshteh Ansari, 2020), esto anudando a una dieta rica en frutas, vegetales y fuentes de omega 3 animal y vegetal.
No menos importante es la actividad física, el respetar las horas de sueño según las necesidades de cada edad, la exposición al sol en las primeras horas de la mañana, el contacto con la naturaleza, limitar el azúcar refinado y los ultras procesados de nuestra dieta, además de aprender a gestionar el estrés de manera sana. Definitivamente, hábitos que dejaron de ser un lujo y pasaron a ser una necesidad.
Hoy, haciendo frente a esta pandemia silenciosa que nos afecta a todos, sin discriminación económica ni social, debemos comprender y educar en la importancia de esta conexión entre el intestino y el cerebro para así tomar medidas preventivas, porque la cura es mucho más costosa que la prevención.
Referencias bibliográficas
- Gut microbiota’s effect on mental health: The gut-brain axis. Megan Clapp et al. 2017
- Alterations to the gut microbiome after sport-related concussion in a collegiate football players cohort: A pilot study. Soriano Sirena et al. 2022
- Alterations in microbiota of patients with COVID-19: potential mechanisms and therapeutic interventions. Bin Wang et al. 2022
- Current Evidence on the Role of the Gut Microbiome in ADHD Pathophysiology and Therapeutic Implications. Ana Checa-Ros et al. 2021
- Relationship between sleep disorders and gut dysbiosis: what affects what?
- Author links open overlay panel. Bruna Neroni et al. 2021
- Autism Spectrum Disorder Associated With Gut Microbiota at Immune, Metabolomic, and Neuroactive Level. Enriqueta Garcia-Gutierrez. 2020
- The gut microbiota in anxiety and depression – A systematic review. Carra A Simpson et al. 2021
- The Effects of Probiotics and Prebiotics on Mental Disorders: A Review on Depression, Anxiety, Alzheimer, and Autism Spectrum Disorders. Fereshteh Ansari. 2020