Calidad proteica y hábitos de sueño su relevancia en el adecuado crecimiento y desarrollo durante la primera infancia

Dra. Keila Arguedas - Nutricionista

Profesional: Dra. Keila Arguedas

Podemos definir la primera infancia como la edad que comprende desde el nacimiento hasta los 8 años de vida. Su concepto surge de la neurociencia y las ciencias que estudian el comportamiento, tomando en cuenta el desarrollo físico, cognitivo, lingüístico y socioafectivo. En Costa Rica esta etapa ésta amparada por la constitución política, la ley fundamental de la educación y el código de la niñez y la adolescencia (MEP, 2016). 

Al relacionar el consumo de proteína con su importancia en la infancia, es fundamental destacar que se trata de un determinante dietético relevante desde múltiples perspectivas. Una de estas es el crecimiento, ya que la proteína contribuye al crecimiento lineal durante esta etapa, además de influir en la maduración y diferenciación de los adipocitos, gracias al efecto lipolítico de la hormona del crecimiento. Estos factores influyen de manera directa en un crecimiento óptimo durante la infancia (Pimpin, 2018). 

La proteína la podemos obtener de los lácteos, de otros alimentos de origen animal y de fuentes vegetales, aunque las dos primeras ofrecen mayor biodisponibilidad o aprovechamiento que la proteína vegetal. Los requerimientos proteicos para la primera infancia usualmente oscilan entre 1 y 1,2 g/kg/d (Kokkou, Vanetia, Aikaterini,  Areti & Desmosthere, 2023).  

Además de promover una adecuada nutrición que incluya un aporte óptimo y de calidad de macronutrientes, como la proteína mencionada anteriormente, también es fundamental establecer buenos hábitos de sueño, ya que estos también influyen de manera directa en el crecimiento y desarrollo durante la infancia.  

Se establece como sueño al período de inconsciencia durante el cual el cerebro permanece sumamente activo. Es un proceso biológico complejo que ayuda a las personas a procesar nueva información y a mantenerse saludables (Poza, Pujol, Ortega & Romero, 2022). 

Dormir es fundamental para el adecuado funcionamiento de todos los sistemas del cuerpo.  La falta de sueño a lo largo de la vida está relacionada con un mayor riesgo de obesidad, hipertensión y diabetes tipo 2, entre otros. 

La evidencia sugiere que la duración del sueño, o el número de horas de sueño por noche, ha disminuido en los últimos 50 años en todos los grupos de edad (Griggs, Conley, Batten & Grey, 2020). Considerando lo anterior, es importante valorar las prácticas positivas asociadas con la consecución de un sueño adecuado en niños y niñas. Según la Asociación Española de Pediatría (AEP, 2018), estas prácticas incluyen: 

  • Mantener horarios regulares de sueño, incluso los fines de semana. 
  • A la hora de dormir, crear un ambiente relajado, sin ruidos, con poca luz y temperatura confortable. 
  • Evitar que se acuesten con hambre, o habiendo bebido mucho líquido. 
  • Propiciar que la actividad física sea realizada durante el día y no cercana a la hora de dormir. 
  • Evitar siestas muy prolongadas durante el día. 
  • Minimizar el uso de dispositivos electrónicos, especialmente antes de acostarse.  
  • Fomentar que los niños duerman de manera autónoma, evitando que asocien el pecho, canciones u otros estímulos con el momento de dormir. No obstante, se considera aceptable el uso de un peluche como elemento de consuelo en ausencia de los padres. 

 

En conclusión, la evidencia respalda que establecer hábitos positivos tanto de alimentación como de sueño impacta significativamente en el crecimiento y desarrollo durante la infancia. La adecuada educación nutricional y la asesoría pediátrica son indispensables, ya que con frecuencia los parámetros considerados óptimos no son debidamente valorados.

Bibliografía  

  1. Asociación Española de Pediatría (AEP). (2018). Fases del sueño. Obtenido el 29 de marzo de 2024, de https://espanol.nichd.nih.gov/salud/temas/sleep/informacion/sucede 
  2. Griggs, S., Conley, S., Batten, J., & Grey, M. (2020). A systematic review and meta-analysis of behavioral sleep interventions for adolescents and emerging adults. Sleep Medicine Reviews, 54, 101356. https://doi.org/10.1016/j.smrv.2020.101356 
  3. Kokkou, S., Vanetia, N., Aikaterini, K., Areti, L., & Desmosthenes, P. (2023). Protein intake, source and effect on children’s weight status: An epidemiological study in Greece. Children, 10(10), 1606. https://doi.org/10.3390/children10101606 
  4. Poza, J., Pujol, M., Ortega-Albás, J. J., & Romero, O. (2022). Melatonina en los trastornos de sueño. Neurología, 37(7), 575-585. https://doi.org/10.1016/j.nrl.2021.08.002