Actividad física, ejercicio y sedentarismo
Especialista en Biomecánica y Readaptación Deportiva. Consultor de BTS bioengineering – VALD Performance.
Actividad física, ejercicio y sedentarismo
En los últimos tiempos, bastantes estudios han relacionado el sedentarismo con una disminución de longevidad y aumento de enfermedades. Estos estudios establecen que la inactividad física y la alimentación errónea, alteran nuestro metabolismo y homeostasis. Ahora permíteme brindarte datos interesantes mencionados en el National Bestseller Book el cuerpo de Bill Bryson, “nuestros cuerpos trabajan 24 horas al día por décadas, casi 38 trillones de células operando todo el tiempo como una orquesta, el corazón late alrededor de 100.000 veces al día, o 3.500 millones de veces aproximados en la vida produciendo 260 litros de sangre por hora, alrededor de 70 galones por día, además lo debe hacer con fuerza precisa y específica para que toda la sangre sea bien distribuida en todos los tejidos”. Darin Olien protagonista y host del documental Down to earth en Netflix, menciona en su libro Superlife como la combinación de ejercicio y actividad física con la ingesta de líquidos saludables y super alimentos se convierten en células de tejido óseo, órganos, sangre y tejido nervioso. También menciona cómo las personas padecen de comorbilidades como diabetes, hipertensión, dolores articulares, insomnio, problemas cardiovasculares, obesidad y como la percepción de estos problemas los encuentran de manera normal y corriente en la sociedad discriminando los super atributos del funcionamiento del cuerpo humano.
La actividad física se define como cualquier movimiento corporal generado por la contracción de músculos esqueléticos que eleva el gasto energético por encima de la tasa metabólica en reposo, se caracteriza por su modalidad, frecuencia, intensidad, duración y contexto de práctica. (Caspersen et al. 1985) Caspersen también definió el ejercicio como una subcategoría de actividad física planificada, estructurada, repetitiva y que favorece el mantenimiento o el desarrollo de la aptitud física. Cabe resaltar que ambos conceptos están sujetos a varios factores y determinantes como la anatomía, fisiología y biomecánica. Por el otro, las conductas sedentarias son aquellas conductas de vigilia caracterizadas por un gasto energético ≤ 1,5 MET (Equivalente Metabólico de Tarea), en una postura sentada, reclinada o acostada. (SBRN Red de Investigación del Comportamiento Sedentario). Tal como las definiciones de actividad física y ejercicio, la definición de sedentarismo está sujeta a variables de tiempo, mecánicas de las posiciones o posturas, y también al estudio o el análisis de la biología del comportamiento.
El movimiento constante del cuerpo humano (ejercicio y actividad física), no es un nutriente, pero es tan importante como cualquiera de ellos. El movimiento activa muchos procesos fisiológicos por medio de transferencias y coordinación de fuerzas en múltiples planos y ejes utilizando decenas de músculos y articulaciones que literalmente facilitan y generan respuestas celulares en diferentes sistemas y órganos ocasionando cambios metabólicos positivos.
Somos seres vivos asombrosos para realizar cientos de actividades motoras especializadas o fundamentales como caminar, correr, saltar, trepar, empujar, tirar, nadar, levantar y cargar. Incluso en comparación con los animales salvajes, tenemos una resistencia increíble. Esto evidencia que nuestro diseño obedece al movimiento más que al sedentarismo. Pero la evolución de nuestro intelecto y demandas del sistema han reducido en gran porcentaje el esfuerzo físico mínimo de nuestras vidas diarias, de esta forma los sistemas y órganos sufren distrés causando compensaciones mecánicas y biológicas que después llamaremos enfermedades. Nuestros cuerpos se adaptan al estrés del ejercicio y la actividad física, permiten que nuestros músculos y huesos se vuelven más fuertes, nuestros corazones y arterias más capaces y resistentes, nuestros pulmones más eficientes para llevar oxígeno a nuestros tejidos.
En 2018, la Asamblea Mundial de la Salud (AMS) aprobó un nuevo Plan de acción mundial sobre actividad física (GAPPA) 2018-2030 y adoptó una nueva meta mundial voluntaria para reducir los niveles mundiales de inactividad física en adultos y adolescentes en un 15% para 2030. Los países miembros de la OMS solicitaron una actualización sobre actividad física para la salud realizadas en 2020 (Professor Fiona C Bull, Physical Activity Unit, Department of Health Promotion, World Health Organization, Geneva, GE, Switzerland)
Estas actualizaciones (The 2020 Guidelines on Physical Activity and Sedentary Behavior) se basan en la importancia de realizar regularmente actividades aeróbicas y de fortalecimiento muscular y definieron recomendaciones específicas para poblaciones específicas como: niños y adolescentes (5 a 17 años), adultos (18 a 64 años), adultos mayores (65 años o más), mujeres embarazadas y posparto, personas que viven con enfermedades crónicas y personas que viven con discapacidad. (Professor Fiona C Bull, Physical Activity Unit, Department of Health Promotion, World Health Organization, Geneva, GE, Switzerland)
La actividad física y el deporte constantemente se relacionan con los hábitos de vida saludable, permitiendo mejorar significativamente la salud física y mental de las personas. Sin embargo, la inactividad física se ha convertido en un problema de salud pública, generando como consecuencia enfermedades degenerativas, cardiovasculares, metabólicas, algunos tipos de cáncer, entre otros (Kohl et al., 2012; Pérez, 2014).
El ejercicio y la actividad física son factores que influyen positivamente en el funcionamiento de nuestros poderosos cuerpos. Internamente todo se basa en movimiento Todos los sistemas internos trabajan constantemente para estabilizar las funciones y nos mantienen a salvo de enfermedades e inflamación y estos sistemas funcionan mejor cuando estamos activos. Los mecanismos de reparación, regeneración y producción de neuroquímicos dependen de la actividad física.
Los beneficios para la salud de la actividad física y el ejercicio regular son irrefutables; prácticamente todo el mundo puede beneficiarse de la actividad. La evidencia es abrumadora con reducciones de riesgo de al menos 20%-30% para más de 25 condiciones médicas crónicas y mortalidad prematura. Se observan incluso mayores reducciones de riesgo (es decir, ≥ 50%) cuando se toman medidas objetivas de aptitud física. Las pautas internacionales de actividad física generalmente recomiendan 150 minutos por semana de actividad física de intensidad moderada a vigorosa. (Physical Activity Promotion and Chronic Disease Prevention Unit, University of British Columbia, Vancouver, British Columbia, Canada).
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Referencias
Handschin, C., & Spiegelman, B. M. (2008). The role of exercise and PGC1alpha in inflammation and chronic disease. Nature, 454(7203), 463–469.
Thivel, D., Tremblay, A., Genin, P. M., Panahi, S., Rivière, D., & Duclos, M. (2018).
Physical activity, inactivity, and sedentary behaviors: Definitions and implications in occupational health. Frontiers in Public Health, 6, 288.
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