Desmitificando la leche: Evidencia y realidades nutricionales

Dra. Daniela Calore, Nutricionista

Profesional: Dra. Daniela Calore

Las Guías Alimentarias Basadas en Sistemas Alimentarios para la población adolescente y adulta en Costa Rica indican que los productos lácteos, entre ellos el queso, el yogurt y la leche, aportan importantes nutrientes como calcio, vitamina D y proteína de alta calidad para apoyar funciones como mantener la salud muscular y ósea.  En el caso de los lácteos fermentados como el yogurt y el queso, los cultivos lácticos implicados en su proceso, así como la posible presencia de probióticos en el yogurt, pueden ayudar a propiciar el equilibrio del sistema digestivo ya que el contenido y variedad de bacterias beneficiosas se ha relacionado con una buena salud cardiovascular y disminución del riesgo de padecer diabetes (Chacón et. al 2022). 

Múltiples estudios respaldan que quienes consumen más productos lácteos tienden a tener una dieta de mejor calidad en general, razón por la cual, en última instancia los lácteos se incluyeron como uno de los grupos de alimentos que, junto con los cereales integrales, frutas y vegetales aportan nutrientes esenciales para mejorar la salud de la población (Badshah et.al 2021).  

La leche ha sido reconocida durante mucho tiempo como uno de los alimentos más completos disponibles en la naturaleza, sin embargo, existen algunas creencias infundadas e inexactas que distorsionan su percepción (Badshah et.al 2021). Al respecto abordaremos 3 de esos mitos comunes: 

1. La leche no es un alimento óptimo para el ser humano: Es falso. La leche de vaca y sus derivados son alimentos que contienen una cantidad significativa de nutrientes de alta biodisponibilidad.

Gracias a que actualmente los encontramos en diferentes presentaciones y para todo tipo de necesidades, se facilita su inclusión diaria en las diferentes etapas de la vida (López et. al 2023).  

La leche es considerada como una excelente fuente de aminoácidos (proteína) para la nutrición, el crecimiento y el desarrollo. La proteína de la leche tiene una alta digestibilidad, es considerada como una proteína de buena calidad, y se ha estudiado que existen fracciones de dicha proteína con capacidades bioactivas que pueden tener efectos específicos en el crecimiento y recuperación de una malnutrición. Además, algunas investigaciones indican que el calcio de la leche acompañado de algunos cambios en el patrón alimentario, podrían ayudar a regular el metabolismo de la energía y el riesgo de obesidad. Fuentes, Morales y Valenzuela en su artículo de revisión sobre el consumo de lácteos y prevención de sobreepso u obesidad indicaron que el efecto antiobesígenico del calcio de la dieta, puede estar ligado al metabolismo  del adiposito en donde un aumento del calcitriol en respuesta a una dieta baja en calcio estimularía el flujo de calcio en el interior del adipocito promoviendo la adiposidad. (Fuentes et. al 2021) (Jaramillo et. al 2023) (López et. al 2023). 

2. La leche aumenta la producción de moco y asma. Es falso, aunque existe la creencia de que la leche aumenta la producción de moco, incluso que ante cuadros de asma podría preferirse evitar los lácteos.

Un estudio encontró  que el consumo de leche y huevos antes del año de edad se asociaba con una reducción significativa de la incidencia de enfermedades sibilantes. En la misma línea, se ha descrito una mayor incidencia de síntomas respiratorios, principalmente los relacionados con bronquitis y asma, en personas con una menor ingesta de leche (Peñafiel et. al, 2018). 

En una investigación con sujetos que presentaban un resfriado común y consumieron leche, tras un seguimiento de 10 días, no se encontró asociación en el aumento de tos, congestión, ni secreciones nasales. (Aránzazu et. al, 2020) (National Asthma Council Australia, 2009).  

La mayoría de estudios con pacientes asmáticos, no encuentran un empeoramiento con su consumo, incluso se visualiza un posible efecto protector dado su contenido de vitaminas y minerales que podrían ser de apoyo al sistema inmunológico (Ciria et. al, 2020). Por ejemplo, un estudio encontró que la vitamina A, además de tener efecto antioxidante, protege el epitelio de la vía respiratoria y tiene propiedades antiinfecciosas (Ciria et. al, 2020). Puede reducir la aparición de las infecciones respiratorias que son consideradas un factor inductor del asma al aumentar su intensidad e influir en el grado de inflamación (Ciria et. al, 2020). En otro estudio se evidenció que existe  cada  vez  más  interés  por  el  rol  de  la  vitamina  D  en  el  asma  por  su  posible  efecto  antiinflamatorio y de evitación de la remodelación bronquial (Payaslian, 2022). Sin embargo, los ensayos aleatorizados realizados con el objetivo  de  confirmar  esta  observación  no  han  podido  demostrar  ese  efecto  de  manera  concluyente (Payaslian, 2022). 

Dado lo anterior no se aconsejan dietas restrictivas debido al posible déficit de nutrientes que estas pueden ocasionar (Rodriguez & Vásquez,2019).   

3. La leche aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular (ECV): Es falso.

Se ha visto que el consumo de lácteos tiene un efecto protector frente al desarrollo de enfermedades cardiovasculares gracias a la presencia de proteínas y grasas lácteas, los probióticos y vitamina K en los lácteos fermentados (Rojas, 2021). En el caso de las proteínas, en estudios in vitro se ha observado que varios péptidos cortos derivados de la caseína y de la proteína del suero de leche vaca tienen una actividad inhibitoria sobre la enzima convertidora de angiotensina: esta enzima cataliza el paso de angiotensina I a angiotensina II, la cual es un potente vasoconstrictor, induciéndose además la liberación de aldosterona, que aumenta la concentración de sodio, llevando a un aumento de la presión arterial, por lo tanto, si se inhibe esta enzima, puede disminuir la presión arterial (Rojas, 2021).  

Un estudio de metaanálisis evidenció que el consumo de total de lácteos, independientemente de su contenido en grasa, no presentó efectos negativos sobre la ECV, sino que mostró una asociación positiva con un 17 % de un menor riesgo de infarto, un 8-16 % menor riesgo de enfermedad isquémica y hasta un 4-20% menor riesgo de accidente cerebrovascular (ACV) (Fontecha et. al, 2019).  

La evidencia señala que el consumo de leche y sus derivados lácteos contribuyen a mejorar la calidad de la dieta y por ende los perfiles metabólicos, además de tener importantes efectos beneficiosos sobre las enfermedades crónicas no transmisibles gracias a las interacciones que se producen entre los nutrientes y otros compuestos en la matriz láctea. Se sabe que a nivel nutricional existen muchos mitos relacionados a la ingesta de los alimentos lo que puede conducir a omisiones dietéticas innecesarias, así como deficiencias nutricionales por lo que es importante basarse en la evidencia para descartar los mitos que pueden ir apareciendo.

 

Referencias Bibliográficas 

  1. Badshah, J., Bharti, B. K., & JHA, A. (2021). Myths about bovine milk and their counteracting: A review. 
  2. Ciria Martín, A., Capote Rodriguez, A., García Milian, A. J., Aguirre Sardiña, S., & Rodríguez Suárez, A. (2020). Factores alimentarios y nutricionales del niño asmático cubano en edad escolar. Horizonte sanitario, 19(2), 223-240. 
  3. Fontecha J, Calvo MV, Juárez M, Gil A, Martínez-Vizcaíno V. (2019) Milk and dairy product consumption and cardiovascular diseases: an overview of systematic reviews and meta-analyses. Adv Nutr. 10: S164-S89.  
  4. Fuentes, C., Morales, G., & Valenzuela, R. (2021). Consumo de lácteos y prevención de sobrepeso u obesidad: Una revisión de la evidencia actual. Revista chilena de nutrición, 48(6), 942-954. 
  5. Jaramillo, M. M., Acosta, P. L. I., Palacios, S. C. D., & Coronado, M. D. L. A. A. (2023). Implicaciones sobre la salud humana del consumo de leche de vaca. Revista de la Facultad de Ciencias de la Salud Universidad del Cauca, 25(2), e2225-e2225. 
  6. López, A. L., Ruiz, L. G., Rodríguez, F. G., & Guerrero, A. C. (2023). Beneficios del consumo de productos lácteos en la salud. Contactos, Revista de Educación en Ciencias e Ingeniería, (130), 5-16. 
  7. National Asthma Council Australia. Diary food Myths. (2009). Diary food Myths. Australia. 
  8. Payaslian, S. (2022). Asma: Introducción, epidemiología y conceptos. REVISTA ARGENTINA DE MEDICINA, 10 (Supl. I), 5-9. 
  9. Peñafiel Freire, Diego Mauricio, Martín Calvo, Nerea, García Blanco, Lorena, Zazpe, Itziar, Álvarez Zallo, Noelia, & Moreno Galarraga, Laura. (2018). Asociación del consumo de lácteos con las infecciones respiratorias: ¿mito o realidad?. Pediatría Atención Primaria, 20(77), 45-52. Epub 00 de 2019. Recuperado en 16 de agosto de 2024, de http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1139-76322018000100007&lng=es&tlng=es. 
  10. Rodríguez-Valiente, A., & Vázquez-Sasot, A. (2019). Leche, moco y asma. ¿Mito o realidad? Rev. patol. respir, 35-37. 
  11. Rojas, P. (2021). Lácteos y Salud Cardiovascular. Revista del Departamento de Nutrición de la Universidad de Chile, 14(1), e191-e200.