Hábitos de estilo de vida que favorecen el crecimiento y desarrollo
Hábitos de estilo de vida que favorecen el crecimiento y desarrollo
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), para el 2016 había 41 millones niños menores de cinco años con sobrepeso y obesidad en el mundo. En lo que respecta a la situación de Costa Rica, en la última Encuesta Nacional de Nutrición 2008-2009, según el indicador peso/talla, niños de 1-4 años presentaron 8.1% de sobrepeso, mientras los niños de 5-12 años presentaron 11.8% de sobrepeso y 9.6% de obesidad. En el Censo Escolar de Peso/ Talla 2016 en edades de 6-12 años, 20% presentó sobrepeso y 14% obesidad (MEP, 2016).
Los datos anteriores, respaldan la importancia de propiciar desde edades tempranas, el desarrollo de un estilo de vida saludable que pueda repercutir positivamente sobre el crecimiento de niños y niñas. El momento para realizar una intervención oportuna, inicia desde los primeros 1000 días de vida, esto es desde el inicio del período de embarazo.
El desarrollo de hábitos de estilo de vida saludable en niños está integrado por tres dimensiones personales: afectiva, conativa y cognitiva, la adaptación de esos tres dominios está presente en nuestros días y dependen de estas el posible desarrollo de algunas enfermedades. La dimensión conativa considera los pensamientos y creencias del individuo sobre determinada cosa o situación, la dimensión afectiva hace referencia a las emociones, creencias, sentimientos y la dimensión cognitiva se refiere al nivel de conocimiento y de las ideas (Alonso-Stuyck, 2020).
La alimentación es una de las bases de los hábitos de estilo de vida saludable e inicia, como se dijo antes, con los primeros 1000 días de vida, contempla la importancia de la lactancia materna, la alimentación complementaria a la leche materna y luego por su puesto la instauración de la alimentación familiar. Durante las etapas mencionadas, existen diferentes factores que van a influir en el desarrollo de los niños, dentro los cuales se menciona la familia, nivel socioeconómico, las experiencias alimentarias y el niño, que va estar determinado por su género, peso al nacer, aprendizaje, entre otros. Cabe mencionar que el factor más determinante, sin duda sería el familiar ya que el niño imita y aprende observando. La familia entonces se propone como un vector desde el que se pueda educar de una manera natural, sin prejuicios (Scaglioni, 2018).
Está claro, sin embargo, que la manera de educar va a estar determinada por el nivel de educación de los padres, lo que consideran saludable para el niño y sus preferencias alimentarias. Al considerar a la familia como pilar, se debe tener cuidado de minimizar los entornos obeso génicos, aquellos donde prevalece el sedentarismo, el consumo excesivo de alimentos, muchas veces de pobre calidad nutritiva, el descuido sobre la procura de un peso óptimo, el uso indiscriminado de aparatos electrónicos, entre otros (Scaglioni, 2018).
En contraparte al sedentarismo, la actividad física (A.F) en niños es fundamental para favorecer desarrollo óseo, muscular y fortalecer el sistema inmunitario. Como recomendaciones generales según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia en la Guía actividad física y prácticas necesarias para la vida, es importante que realicen actividad física de diversa índole, unos 180 minutos al día en niños de 1 a 5 años de edad, en niños de 3 a 4 años unos 180 minutos al día de los cuales 60 minutos sean de A.F vigorosa; y, de 5 a 12 años, sugieren que realicen 60 minutos diarios de actividad física vigorosa (Pyper, 2016).
Otro aspecto a considerar es el uso de pantallas como televisores, tabletas, videojuegos y celulares que no sólo implican en sí mismas una actividad sedentaria, sino que también, la evidencia científica respalda que su exposición continua cerca a la hora de ir a dormir, afecta la calidad de sueño, incluso, que el uso de 1 hora de alguna pantalla antes de ir a dormir, retrasa en 30 minutos el sueño. Cuando se afecta la calidad o cantidad del sueño, no se descansa bien y esto puede ver disminuido el rendimiento en actividades cognitivas como las escolares, por ejemplo, e incluso también en las físicas pues se está con menos ánimo o energía para realizar actividades físicas diversas. Se considera de gran valor, establecer horarios para dormir, en un ambiente idóneo que promueva hábitos saludables para conciliar el sueño. (Faught, 2019).
En resumen, los hábitos saludables para un desarrollo óptimo están determinados por el conjunto de diferentes acciones que realicen padres e hijos en el campo de la alimentación, actividad física, uso adecuado de aparatos electrónicos, calidad del sueño, entre otros.
Referencias
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