La historia de cómo aprendimos a preocuparnos para sobrevivir
Cuenta con especialidad en Formación Internacional Gestáltica, Certificación Internacional de Disciplina Positiva en las Familias de Positive Discipline Association y formación en Terapia Dialéctica Comportamental de Linehan Institute Behavioral y DBT Latinoamérica. Con más de 17 años de experiencia profesional.
La historia de cómo aprendimos a preocuparnos para sobrevivir
Hoy les quiero invitar a un viaje de aprendizaje. Iniciamos en una amplia sabana africana. Usted y yo seremos antílopes relajados. Vamos a sentir una temperatura agradable y saber que hay cerca una fuente segura de agua y comida abundante. Por unos segundos permítase sentir cómo percibe el cuerpo esta información de seguridad y calma. Este, les presento, es el sistema de calma y digestión de nuestro sistema nervioso autónomo.
Ahora, antílopes que me acompañan, vamos a escuchar un rugido de león (imagínenlo realmente poderoso, aunque lejano). Les adelanto que esta breve historia no termina en tragedia, sino en aprendizaje. Nuestro cerebro de antílope en segundos activa una respuesta intensa y automática que aumenta radicalmente las posibilidades de sobrevivir. Una descarga de cortisol y adrenalina sale del cerebro a la sangre y empieza a encender una serie de cambios. Se nos dilatan las pupilas para elegir un camino de escape, aumenta el latido cardiaco y la sangre disminuye en los órganos internos y se impulsa a nuestra cabeza y extremidades para darnos extra velocidad. El páncreas rápidamente ayuda a producir energía extra para la carrera. Este, les presento, es el sistema de lucha/huida de nuestro sistema nervioso autónomo. Esta respuesta hoy la conocemos más comúnmente como estrés. (Rodríguez-Fernández, J. M. et all, 2013)
Nuestra versión antílope va a correr a máxima velocidad, usará en esta carrera el cortisol y la energía adicional que produjo para lograr estar a salvo. Así, por medio de esta respuesta, logrará volver al sistema de calma.
El problema en nuestra versión humana es que activamos el mismo sistema de alarma de manera excesivamente frecuente ante situaciones que no se resuelven corriendo, como una noticia que nos afecta, un correo o mensaje que nos preocupa o el recuerdo de un problema que ya resolvimos, pero nos vuelve a molestar. El segundo problema es que una vez liberado el cortisol y adrenalina tendremos el latido cardiaco aumentado y esto puede llevarnos a hipertensión, la disminución de la sangre en el sistema digestivo de manera frecuente se traduce en colitis, gastritis y ulceras, la producción frecuente de más glucosa puede llevar a diabetes y el aumento de la presión de la sangre en la cabeza suele desencadenar dolores de cabeza o migrañas (Castro Carboni, N. et all, 2003).
La clave es que tenemos el superpoder de encender experiencias de peligro imaginarias y a la vez, la oportunidad reconocer la manera de gestionar el ‘apagar’ el sistema de alarma y volver a la calma.
Ahora volvamos juntos al espacio de su casa u oficina donde decidieron hacer esta lectura, donde somos de nuevo, mamíferos humanos con un cerebro evolutivo altamente más desarrollado que en nuestra versión antílope.
Nuestro maravilloso lóbulo frontal que hoy nos permite imaginar, aprender nuevas cosas y planificar procesos es el que tiene ambas respuestas. Si entrenamos a nuestro cerebro en respuestas automáticas de alarma será capaz de entrar en estrés fácilmente y ese mismo poder lo podemos usar para entrenarnos en volver a la calma. Les comparto 4 estrategias básicas:
Respiración: una respiración pausada le comunica al cerebro que el peligro ha pasado. Podemos practicar frecuentemente la respiración cuadrada (inhalo en 4 segundos, sostengo 4 segundos, exhalo en 4 segundos y sostengo 4 segundos).
Movimiento: las endorfinas producen una sensación de placer y euforia, al practicar actividad física intensa. Esto promueve la calma, mejora el humor, puede reducir el dolor y potencia las funciones del sistema inmunitario. El GABA aumenta con el ejercicio aeróbico y el aumento de horas de sueño. Este absorbe el exceso de adrenalina y otros neurotransmisores asociados al estrés e induce un profundo estado de relajación y bienestar. Cuando hablamos de movimiento incluye la expresión libre como bailar con la música que me gusta, las caminatas, jugar intensamente con la mascota o la familia y el ejercicio.
Disfrute: ante experiencias de satisfacción se libera la serotonina, como en relaciones positivas de amor, afecto o amistad. El contacto físico estimula la producción de oxitocina (acariciar a la mascota, dar y recibir, darnos o recibir un masaje).
Pensamiento: la confianza genera oxitocina y ésta estimula la generosidad y los lazos entre las personas en general, haciéndonos confiar más en los demás y ser más amables y altruistas. Como auto terapia, cada mañana deberíamos enviarle al cerebro mensajes positivos para su “química hormonal” y activar la tolerancia, el respeto y el agradecimiento. Cada día desarrollar empatía, reír y disfrutar de las pequeñas cosas de la vida.
Referencias
Cacho, R.; Rezola, L.; Vegas, O. y Azpíroz , A. (2008) Effects of social stress on tumor development in dominant male mice with diverse behavioral activity profiles. Psicothema. Vol. 20, nº 4, p. 818-824
Castro Carboni, Nino, Campos Villalobos, Ginnette, & López Castillo, Cinthia. (2003). Neurobiología y tratamiento del trastorno de estrés post- traumático. Medicina Legal de Costa Rica, 20(2), 5-14. Retrieved November 10, 2021, from http://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1409-00152003000200002&lng=en&tlng=es.
Duval, Fabrice, González, Félix, & Rabia, Hassen. (2010). Neurobiología del estrés. Revista chilena de neuro-psiquiatría, 48(4), 307-318. https://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272010000500006
Herrera-Covarrubias Deissy, Coria-Avila Genaro, Muñoz-Zavaleta David, Graillet-Mora Olivier, Aranda-Abreu Gonzalo, Rojas-Durán Fausto, Hernández María Elena, Ismail Nafissa. (2017). Impacto del estrés psicosocial en la salud. Centro de Investigaciones Cerebrales. Universidad Veracruzana. https://www.uv.mx/eneurobiologia/vols/2017/17/Herrera/HTML.html#bibliografia
Rodríguez-Fernández, J. M., García-Acero, M., & Franco, P. (2013). Neurobiología del estrés agudo y crónico: su efecto en el eje hipotálamohipófisis- adrenal y la memoria. Universitas Medica, 54(4), 472–494. https://doi.org/10.11144/Javeriana.umed54-4.neac