Intolerancia a la lactosa en la población pediátrica
La leche es un alimento altamente nutritivo, considerado una fuente de aminoácidos esenciales y calcio de alta absorción. El consumo regular de leche y otros productos lácteos juega un papel clave en el mantenimiento de la densidad mineral ósea y puede ayudar a prevenir enfermedades crónicas no transmisibles, como obesidad, diabetes tipo 2 e hipertensión arterial. El bajo consumo de lácteos en los niños se ha asociado particularmente a mineralización ósea inadecuada y crecimiento deficiente. En muchos casos el bajo consumo puede ser el resultado de la aversión al sabor o de síntomas adversos tras su consumo. Estos síntomas pueden surgir producto de una malabsorción de lactosa (Pawłowska, 2016).
El carbohidrato de la leche se llama lactosa: un disacárido compuesto por glucosa y galactosa. En condiciones normales, la lactosa es hidrolizada en el intestino delgado por la enzima β-galactosidasa (lactasa), por lo que su posterior absorción dependerá de la correcta actividad de la lactasa que se encuentra en el borde del cepillo mucoso del intestino. Este proceso de hidrólisis permite el paso del carbohidrato a través de la pared del intestino hasta llegar al torrente sanguíneo (Domínguez, 2017). La pérdida de actividad de la lactasa puede llevar a malabsorción de lactosa, la cual al no ser digerida, entra al colon y es fermentada por las bacterias colónicas, generando gases y ácidos grasos de cadena corta.
En el caso de la población infantil, hay un 20% de intolerancia a la lactosa en niños hispanos, asiáticos y de raza negra menores de 5 años. Mientras tanto en el norte de Europa la disminución de la actividad de la lactasa generalmente ocurre hasta alcanzar 18-20 años. Por otro lado, para nombrar un caso de América Latina, se reporta que 31% de los niños mexicanos (4-17 años) presentan intolerancia a la lactosa. Existen varios tipos de intolerancia a la lactosa en la edad pediátrica (Arguelles, 2017):
- Deficiencia congénita de lactasa intestinal: se presenta en los primeros días de vida con una diarrea grave con alteración hidroelectrolítica. Es muy poco frecuente, sin embargo se considera una afección permanente y el tratamiento es una dieta libre de lactosa de por vida.
- Deficiencia neonatal de lactosa: se presenta en los primeros días de nacido, ya sea en niños prematuros o nacidos a término. Se caracteriza por la presencia de diarrea leve o cólicos y generalmente resuelve en los primeros 3 meses de vida.
- Hipolactasia primaria tardía: puede iniciar entre los 5-7 años de edad, asociada a síntomas como dolor abdominal, diarrea y flatulencia. Se recomienda una dieta baja en lactosa.
- Hipolactasia secundaria: se puede presentar a cualquier edad, consecuencia de daño a la pared intestinal, como por ejemplo a causa de infecciones agudas por rotavirus. Los síntomas incluyen dolor abdominal, flatulencia y diarrea. Es de tipo transitorio (aprox. 1-2 semanas) y se recomienda una dieta baja en lactosa.
Para el diagnóstico, el test de aire expirado con lactosa es considerado el mejor método por su relación costo-efectividad, además de ser mínimamente invasivo y fácilmente aplicable. Se inicia con la administración oral de lactosa en condiciones de ayuno, a una dosis de 1 g/kg (máximo 25 g) y se miden niveles de aire espirado cada 30 minutos durante 3 horas. De esta forma se comparan los niveles basales y post-ingesta de lactosa. Los valores superiores a 20 ppm se consideran como un diagnóstico de malabsorción (Parra, 2015). Generalmente los niveles de lactasa intestinal comienzan a disminuir a partir de los 5 años, por lo que un test anormal de lactosa en niños menores de 5 años refleja mucosa intestinal anormal o sobrecrecimiento bacteriano. En este caso se recomienda que estos niños sean llevados a valoración pediátrica (Parra, 2015).
Algunas de las recomendaciones para el manejo de la intolerancia a la lactosa, incluyen (Szilagyi, 2018):
- Introducción gradual de leche de vaca: comenzar con 30 a 60 mL por día, aumentando el consumo gradualmente hasta un máximo de 250 mL por día. La leche entera generalmente es mejor tolerada, debido al tiempo de tránsito más lento.
- Consumo de quesos maduros.
- Inclusión de alimentos deslactosados.
- Usar tabletas de lactasa.
- Inclusión de alimentos fermentados.
No es recomendable eliminar los lácteos de la alimentación de niños con sospecha de intolerancia a la lactosa, ya se encuentran en una etapa crítica de su crecimiento y desarrollo. En este grupo etario, los lácteos juegan un papel indispensable en el aporte diario de nutrientes como calcio, vitamina D y proteína, por lo que inicialmente se recomienda buscar opciones deslactosadas y fermentadas para su consumo, siempre de la mano de profesionales en medicina y nutrición.
Referencias
- Bayless, T. M., Brown, E., & Paige, D. M. (2017). Lactase Non-persistence and Lactose Intolerance. Current Gastroenterology Reports, 19(5).
- Szilagyi, A., & Ishayek, N. (2018). Lactose Intolerance, Dairy Avoidance, and Treatment Options. Nutrients, 10(12), 1994.
- Cadena León, J; et.al. (2017). Absorción intestinal deficiencia de lactosa; actualidades en pediatría. Alergia, Asma e Inmunología Pediátricas, 26(2), 49-55.
- Pawłowska, K., Umławska, W., & Iwańczak, B. (2016). The impact of lactose malabsorption and lactose intolerance on dairy consumption in children and adolescents with selected gastrointestinal diseases. Pediatria Polska, 91(3), 192–198.
- J.L. Domínguez-Jiménez, A. Fernández-Suárez / Med Clin (Barc). 2017;148(6):262–264
- Heyman, M. (2019). Lactose Intolerance in Infants, Children, and Adolescentes (09). American Academy of Pediatrics, 1279-1286
- Arguelles , F., & Casellas, F. (2017). Puesta al día en común en la intolerancia a la lactosa. Madrid: Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD).
- Parra, P. Á., Furió, C. S., & Arancibia, A. G. (2015). Análisis de test de aire espirado en niños con sospecha de intolerancia a la lactosa. Revista Chilena de Pediatría, 86(2), 80–85
- Leis, R., & Saborido, R. (2018). El Yogurt y recomendaciones dietéticas en la intolerancia a la lactosa. Nutrición Hospitalaria, 35(6), 45-48.