Impacto de la inadecuada hidratación en el manejo de diferentes patologías
El agua es un nutriente esencial para la vida y el componente más abundante del cuerpo humano, participa de alguna manera en prácticamente todos los procesos fisiológicos (Salas-Salvadó, 2020). El agua se distribuye por el cuerpo y los órganos. El contenido de agua en los distintos órganos depende de su composición y varía desde un 83% en la sangre hasta sólo un 10% en los tejidos adiposos. (Zhang, 2021). En el cerebro, el agua constituye hasta un 75-85%, por lo que una adecuada hidratación es fundamental para mantener la concentración, estado de ánimo, capacidad de memorización y el estado de alerta (Arredondo-García, 2017).
La ingesta de agua recomendada según EFSA es de 2 L/d en mujeres y 2.5 L/d en hombres. En el organismo, el agua posibilita el transporte de nutrientes y oxígeno en la sangre, participa en la termorregulación, ayuda a la función digestiva, facilita la eliminación de sustancias de desecho y ayuda a mejorar el funcionamiento de los riñones (Liska, 2019). Existe evidencia de que la falta de hidratación es común en la población general según lo definido por el sodio sérico fuera de lo normal, así como una osmolalidad de la orina por encima de 500 mOsm/kg (Vanhaecke, 2021). Los riñones pueden regular la osmolalidad del plasma dentro de un límite estrecho (±2% o 280-290 mOsm/kg) y osmolalidad plasmática entre 295 y 300 mOsm/kg se considera hipovolemia hiperosmótica leve. Se ha encontrado una asociación significativa entre la ingesta elevada de líquidos y un menor riesgo de incidentes de cálculos renales (Liska, 2019).
Cada vez es más evidente que una mayor ingesta de agua puede disminuir el riesgo de enfermedades metabólicas al reemplazar la ingesta de bebidas azucaradas. Existe la hipótesis de que la ingesta de agua o los procesos de balance de fluidos pueden desempeñar un papel importante en la modulación del riesgo de enfermedades crónicas, como la diabetes (Vanhaecke, 2021), donde el deterioro del metabolismo de la glucosa por hipertonicidad plasmática es un indicador de deshidratación celular. En este contexto, se ha sugerido que la deshidratación es un factor adicional que puede contribuir al desarrollo de resistencia a la insulina y al riesgo de diabetes. Existe un vínculo directo entre la baja ingesta de agua, aumento de la señal antidiurética o concentración elevada de copeptina y disfunción metabólica. La suplementación hídrica en los pacientes con niveles altos de vasopresina y copeptina puede reducir la glucosa en ayunas (Carroll, 2019).
En cuanto a otra enfermedad crónica como la hipertensión arterial, en un estudio con 31 hombres a quienes se les indicó tomar 2 botellas adicionales al día de 550 ml de agua durante 12 semanas, se observó una disminución en los niveles de presión arterial. Se cree que esta disminución se debe a la eliminación del exceso de sodio y agua debido a la mejora de la función renal, así como a cambios en la secreción de hormonas implicadas en el aumento de la presión arterial (Nakamura, 2020).
La población adulta mayor es más propensa a deshidratarse debido a la disminución en la sensación de sed, menor regulación renal, restricción de movilidad, así como la polifarmacia que presentan. Por esta razón, es importante incluir en este grupo etario una revisión para identificar signos de deshidratación en mucosas y piel, ya que tienen más riesgo de muerte por esta causa (Salas-Salvadó, 2020).
Se debe también vigilar la hidratación durante el embarazo, ya que los cambios fisiológicos ocasionan un aumento en los requerimientos de líquido: Aumenta del volumen sanguíneo gradualmente entre las primeras 6 y 8 semanas de embarazo y alcanza un pico entre las 32 y 34 semanas de gestación. Además, los riñones se vuelven un poco más grandes y aumenta de flujo plasmático renal y de la tasa de filtración glomerular. En el sistema endocrino, la prolactina comienza a aumentar gradualmente a las 7 semanas de embarazo para promover desarrollo de la glándula mamaria previo a la lactancia, la aldosterona se secreta 4 veces más y la secreción de estradiol es 100 veces mayor. También se han asociado altos niveles de copeptina en el I trimestre de embarazo como un predictor de preeclampsia (Zhang, 2020). Es por esto que la OMS recomienda en esta población una ingesta de 4.8 L/d.
En general se debe procurar que al menos el 50% de la ingesta de líquido en la población sea agua pura. La leche puede ser parte de la hidratación diaria, ya que, dada su concentración natural de electrolitos, ha demostrado ser una bebida rehidratante muy efectiva.
Referencias
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